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LIGA ENDESA | MADRID 87 - BARCELONA 67 (1-0)

El Madrid grita revancha con un Campazzo determinante

Superó al Barça en todo salvo en el rebote. Defensa, ritmo y acierto. El base acabó con 19 puntos. Primer triunfo blanco en el Clásico en Liga o Copa desde que llegó Pesic.

Durante muchos años la historia dijo que el 1-0 era sinónimo de título. En las últimas tres temporadas, sin embargo, el que comenzó por delante la final perdió los tres partidos siguientes y la Liga. Le pasó al Barça en 2016, al Madrid en 2017 y al Baskonia en 2018. Ahora es el Real el que se vuelve a adelantar y no con una victoria cualquiera, sino con la del desquite, la que le permite sacarse de encima una pesada mochila: primer triunfo en el Clásico en Liga o Copa desde que llegara Pesic al Barcelona (1-5).

Esta vez la pizarra del serbio no pudo con el ritmo de los de Laso. La defensa, el tempo y la puntería las puso el Madrid. Es un 1-0 que sabe a gloria más que a la rutina de otras veces. Como le sabe a Campazzo, el pequeño gran héroe, otra vez clave en casi todo. Quizá menos manejador del ataque y más determinante en la ejecución (19 puntos y 24 de valoración).

En 13 de las 14 finales clásicas previas el que golpeó primero abrazó el éxito. Este sábado, para empezar, el defensor del título fue mejor en todo, un paso al frente colectivo: lanzó con un acierto del 58% de dos, del 42% de tres, dio seis asistencias más, perdió seis balones menos y acabó 106 a 68 en valoración. Solo claudicó en el rebote, de manera estruendosa, eso sí: diez rechaces menos tras ceder ¡18 bajo su aro!

Bastó con mirar la cara de los jugadores del Madrid cuando arrancó la acción para ratificar que sí, que había ganas de revancha con todo lo que vistiera de azulgrana. Y ya, con levantar la vista, se veía al público enardecido. Hambre de final. Esa pasión exacerbada mezcló bien con el juego blanco, empujó al Madrid y dejó al Barça a contracorriente, aunque en un principio remase bien para reaccionar al 9-0 inicial. La rotación se adelantó y Tomic y el rebote de ataque ayudaron a vadear la crecida, a falta de acierto, segundas opciones visitantes.

Laso había apostado en el quinteto inicial por Deck en lugar de Taylor, se reservaba una bala defensiva a la espera de que Heurtel entrara en pista. Rudy lideraba la intensidad y la movilidad atrás, aunque su abnegada entrega le costaba la tercera falta y el banquillo en el minuto 15. Taylor sumaba otras dos. A cambio rebajaba la determinación de Heurtel. Hasta el descanso el diálogo se mantuvo: acierto local en los triples (8 de 16) contestado con rechaces ofensivos que daban a los culés más tiros para compensar su pobre efectividad (1 de 7). Oriola era el rematador de las pocas acciones de pase extra. La batalla de bases era blanquísima, con estirón en el segundo cuarto de Campazzo (13 puntos y tres triples en 11 minutos) y un Llull muy enfocado (11 en 8).

El +15 del descanso era a la vez un colchón tan mullido como insuficiente. Una mejor versión del Barça debía llegar a la fuerza. La vimos. Redujo el ritmo del rival y comenzó a embocar lo que antes marraba: Singleton, Claver, Oriola y… 63-54. Restaba el acto final y el fantasma de la remontada de la Copa sobrevolaba el Palacio, lo abatió el Madrid con la salida en tromba de Taylor y Causeur: 11-0 y 74-54, minuto 34. El Real apretó los puños y gritó de rabia, solo un primer paso, pero un triunfo que supo a desagravio.

Con todo perdido, Pesic se echó al monte con sus guerrilleros, leyó el frenazo blanco y aceleró cada vez que recuperaba el balón, directo al aro sin mirar atrás. Un 0-9 (74-63) que disparó la alarma. Campazzo volvía para devolver la calma. El argentino, MVP del 1-0, sofocó la rebelión y Taylor puso la guinda. Un triunfo rotundo. A ver; esto es muy, muy largo.