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ANÁLISIS

Blazers: un buen proyecto con los movimientos muy limitados

Damian Lillard se saluda con Stephen Curry tras el cuarto partido entre Portland Trail Blazers y Golden State Warriors.

Jaime Valdez

USA TODAY Sports

Portland cerró su temporada en las finales de la Conferencia Oeste ante los Golden State Warriors. La quinta masa salarial de la NBA se enfrenta a su futuro.

Portland Trail Blazers cerró esta pasada madrugada su andadura por los playoffs de la NBA. Golden State Warriors arrasó 4-0 en las finales de la Conferencia Oeste a un equipo que siempre estuvo ahí, cerca de arañar una victoria a los vigentes campeones, pero que nunca llegó a cerrar encuentros cuyas ventajas a su favor rondaban entre los 10 y 20 puntos con dos cuartos (o menos) solo por delante. Una y otra vez, los de la Bahía (sin Durant, sin Cousins, sin Iguodala hoy) se las apañaban para dejar en nada el ingente trabajo realizado por su rival. 

Unos constantes resbalones que no empañan la labor realizada esta temporada por un conjunto que ha sumado sus sextos playoffs consecutivos bajo los mandos de Terry Stotts, que enlaza ya siete campañas en el banquillo. El entrenador ha liderado una reconstrucción magnífica que comenzó en el verano de 2015 con la salida de cuatro titulares: LaMarcus Aldridge, Nicolas Batum, Wesley Matthews y Robin Lopez. Solo Damian Lillard siguió... y cogió todos y cada uno de los galones. Desde el de alférez hasta el de capitán general, y la apuesta no ha salido nada mal.

La nueva chapa y pintura aplicada a cada puesto del roster inicial dio resultados inmediatos, llegando a su cénit este curso con las finales del Oeste. Aunque la inversión no ha sido barata: los Blazers son la quinta masa salarial más alta de la NBA, según Basketball Reference, con 132,5 millones de dólares en sueldos. Solo Miami, Golden State, Oklahoma y Toronto superan a una franquicia que tiene ya comprometidos 126 millones para el próximo curso.

Una elevada cantidad dominada por los 29,8 millones de Lillard (se espera que firme una renovación por 191 millones y cuatro años este verano), los 27,5 de McCollum... y los 18,6 de Evan Turner. El alero, una sombra de lo que se esperaba para un número dos del draft, unió su decente último año en Boston, las necesidades de un mercado aislado y los inflados contratos de 2016 para firmar unas cantidades ahora imposibles de comprender, y que lastran en cierta medida un proyecto futuro que puede quedar ralentizado este verano.

Cambios en la plantilla

Los Blazers llegan a la agencia libre con la necesidad de hacer algún que otro retoque en su quinteto inicial si quieren dar el empujón definitivo que les lleve a las Finales con unos márgenes de maniobra muy pequeños. El puesto de alero, dominado por Mo Harkless, podría ser mejorado al igual que el de ala-pívot, que ha ocupado un Al-Farouq Aminu que finaliza contrato este julio. Una situación que repiten Rodney Hood, Seth Curry y Enes Kanter. Los tres han realizado unos playoffs más que dignos, con momentos de mayor o menor importancia: Hood fue clave en el duelo de las tres prórrogas contra Denver y Kanter hizo un trabajo loable frente a Steven Adams. Además del turco, Meyers Leonard y Zach Collins estuvieron a la altura en un obra muy difícil de interpretar: la baja de Jusuf Nurkic. 

El problema económico se une a otro más endiablado: parece que nadie quiere ir a Oregón. El estado, allí, en la costa del Pacífico y solo separado de Canadá por el de Washington no es muy admirado por los jugadores de la NBA. Es un mercado pequeño, sus partidos casi siempre ocupan el último horario de la jornada y no ganan un anillo desde 1977. Hechos, más o menos cuantificables, que chocan con una realidad superior: los Blazers son una organización modélica configurada durante los 30 años Paul Allen, fallecido justo antes de comenzar esta temporada, y que tienen una de las estrellas más comprometidas de la NBA: Lillard estudia ampliar su contrato cuatro años, hasta 2025. Cerraría su etapa blazer con 34 años. Pros y contras que crean un futuro incierto en Portland.