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El CSKA, el ogro feroz del Real Madrid en su historia europea

EUROLIGA | FINAL FOUR

El CSKA, el ogro feroz del Real Madrid en su historia europea

El CSKA, el ogro feroz del Real Madrid en su historia europea

ANTONIO BRONIC

REUTERS

Nadie ha ganado más en Copa de Europa a los blancos: 28 en 46 partidos. Dos veces en las tres finales entre ambos, la última hace 49 años.

Entre el Madrid y el CSKA apilan dieciséis Copas de Europa. Nadie suma más. Son los dos gigantes del baloncesto continental, el segundo duelo más repetido en la historia de la competición (solo por detrás del Madrid-Maccabi). Y el más temible para los blancos, que han perdido en 28 de esos 46 enfrentamientos (18-28 de balance). Tres finales en la lista, las de 1963 y 1969, que se llevó el equipo ruso, y la de 1965, que ganó el Real. El CSKA es sin discusión el gran ogro europeo del Madrid. Así que este viernes, 49 años después de la final de Barcelona, cuando los aficionados catalanes se volcaron con los de Moscú en las dos prórrogas, el Madrid puede dulcificar una historia tan adversa. Será la tercera vez que se crucen en una Final Four, las dos anteriores en choque de consolación por la tercera plaza, y en ambas ganó el CSKA. El año pasado en Estambul (94-70) y en 1996 en París (74-73).

El ogro ruso, decimos, y es así. Pero pese a la dificultad, la leyenda del Real Madrid en el Viejo Continente arrancó con estas batallas, con los partidos ante los equipos del Este, en especial los soviéticos, que entre 1958 y 1963 levantaron las seis primeras Copas de Europa (dos el CSKA). “Al Madrid de la década de los sesenta siempre se le recordará por ser el primero en romper la hegemonía de la Unión Soviética”, apunta Pedro Ferrándiz, que lo explica así: “Abrimos las puertas de la victoria al resto de Europa. Hasta entonces, vencer a los yugoslavos, checos, polacos, soviéticos… era impensable. Y el Madrid empezó a ganarles a todos y luego nos siguieron el Simmenthal Milán y el Varese”.

Pedro Ferrándiz y la final del 69

El entrenador más laureado del baloncesto madridista (cuatro Copas de Europa) rememora la última final ante el CSKA, en 1969 en el Palacio de Deportes de Montjuïc, en Barcelona: “Perdimos y se festejó creo que incluso hasta en Las Ramblas. En los últimos minutos la afición de Barcelona se decantó totalmente por el rival. Escuché más veces que en Moscú la palabra TSKA (como se le conocía entonces en España, aunque los más puntillosos escribían TsSKA, pronunciado ‘chesca’, Club Deportivo Central del Ejército, fundado en 1949 tras la fusión entre la Casa Central del Ejército y el Stroitel de Moscú). De no haber jugado en Barcelona, creo que habríamos ganado otra Copa de Europa. Fue una de las derrotas más dolorosas de mi carrera”. El gigante de 2,17 Andreiev resultó imparable, 37 puntos y 11 rebotes que determinaron el 99-103 a la conclusión de la segunda prórroga. Papel destacado también de la leyenda Sergei Belov (19 tantos y 19 rechaces). En el Madrid, entre Emiliano (18), Brabender (20), Luyk (20) y Aiken (24) acumularon 82 insuficientes puntos.

Aiken tuvo un tiro fácil para ganar al final de la primera prórroga, pero falló. Fue su adiós al Madrid. “Él sabía que estaba en la calle y, si había alguna oportunidad de que me arrepintiera, la olvidé con aquel error”, recuerda Ferrándiz. El armenio Alachatchan, entonces entrenador del CSKA y anteriormente un base genial, tenía su punto de vista: “Vencimos porque nosotros contábamos con ocho jugadores y los españoles con cinco”.

Verano de 1963, el Madrid cruzaba el telón de acero

La del 69 fue la tercera final, pero el primer duelo entre ambos había llegado en 1963, un pulso deportivo con matices políticos. La dictadura franquista permitió aquel año que el Madrid viajara a Moscú y el CSKA entrara en España. En la primera edición, en 1958, el Real se había retirado, por imposición de Franco, de la semifinal ante el también soviético ASK Riga de Gomelski, que conquistó los tres primeros trofeos. Y en 1961 se repitió la semifinal, esta vez sí la jugó, a doble partido pero en cancha neutral (París y Praga) y previo pago de una indemnización al club letón tras arduas negociaciones diplomáticas. Un año después, en 1962, hubo duelo por el trofeo con el Dinamo de Tiflis georgiano, de nuevo en pista neutral aunque a un solo encuentro en Ginebra.

La final entre el Madrid y el CSKA del curso 62-63 iba a ser la primera eliminatoria en la que se cruzaran visitas. La oposición previa no solo venía de la dictadura española. La FIBA llegó a amenazar al CSKA con darle la victoria al Madrid si no se le concedía a los jugadores españoles los visados de entrada a la Unión Soviética. La ida en Madrid se disputó el 23 julio en el Frontón Fiesta Alegre bajo un calor sofocante y cerca de 3.000 aficionados (el aforo era de 1.200). Ganaron los blancos por 17 (86-69), aunque llegaron a ir 30 arriba (75-45). Emiliano sumó 26. En la vuelta, en Moscú, casi 40 grados en el Estadio Lenin ante 20.000 espectadores. Luyk (22 puntos) jugó el partido de su vida y cuando le eliminaron por faltas, la afición local le tributó una ovación que el pívot aún recuerda. Venció el CSKA por exactamente 17 tantos, 91-74 y… No, no hubo prórroga, sino un tercer asalto de desempate a las 48 horas en la misma cancha, como establecía la FIBA.

Un muro insalvable y el Real no estrenó palmarés. Cayó por 99-80 ante la brillante dirección de Alachatchan, en esa época aún de corto, pese a que solo anotó seis puntos. El entrenador blanco era Joaquín Hernández y Ferrándiz había pasado a la dirección técnica, donde se mantuvo otro año. Era 1964 y el Madrid tumbó al Spartak de Brno checoslovaco para abrazar su primera Copa de Europa.

Santiago Bernabéu, en volandas

Una temporada más tarde, ya con Ferrándiz de vuelta al banquillo tras el fallecimiento de Hernández por una enfermedad fulminante, el Madrid alcanzó su primer éxito frente al CSKA. Final y título, de nuevo a doble partido, -7 en Moscú (88-81) y remontada blanca en la vuelta, +14 (76-62) con 24 puntos de Emiliano y 18 de Luyk. Sevillano levantó el trofeo y se lo entregó a Santiago Bernabéu, el presidente, que fue alzado por los jugadores y paseado a hombros ante el delirio de la afición. La Copa de Europa apenas llevaba ocho ediciones y arrancaba una rivalidad legendaria que luego perdería fuerza para recuperarla en la actualidad. Este viernes, en Belgrado, el Madrid y el CSKA retoman el pulso 55 años después de su primer encuentro. Son los reyes del palmarés, y son los primeros ganadores de las dos primeras fases de todos contra todos de la nueva Euroliga. Esta campaña lo lograron los de Itoudis; hace doce meses, en el estreno, los de Laso.

 

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