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LIMOGES 86 - BILBAO BASKET 74

El Bilbao Basket se desangra: octava derrota seguida

Europa es ya una quimera y ante el Limoges volvió a ofrecer un ejercicio de debilidad física y anímica. Partido muy irregular con el equipo siempre a remolque.

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El anterior partido europeo del Bilbao Basket levantó una crisis que amenaza todos los cimientos de la entidad en la élite. El Lietuvos Rytas desnudó a un club que ha pasado las de Caín pero nunca se ha visto tan comprometido como ahora para mantenerse entre los notables del baloncesto nacional. El equipo lituano se llevó por delante a Duran y la poca autoestima que quedaba en Miribilla. Europa no ha dado más que problemas al club y con la intención de invertir los términos afronta a partir de ahora lo poco que le queda de travesía continental. Por ejemplo, la visita al reputado Limoges se interpretó como un día para dar carrete a mucha gente (debutaron Vucetic y Mendia con Mrsic) y que el nuevo técnico conozca más en profundidad a su gente y los males que le han comido la moral de forma increíble. Van ocho derrotas seguidas entre ACB y Europa, y en el formato foráneo se suman seis consecutivas. Puede decirse que está fuera y cae por segundo año consecutivo en la primera fase, toca replantearse si merece la pena esto con cuatro mil personas y no las siete mil de épocas pasadas.

A la hora de la verdad, el encuentro en suelo francés fue más de lo mismo: la merma física habitual presenta ahora una metástasis con una debilidad anímica terrible y una defensa hueca. El equipo sale resuelto, con ganas de sacarse el pesar (esta vez metió ritmo y su transición ofensiva era brillante), pero a la mínima que le dan un sopapo, cae como un muñeco de trapo. Esta vez el ritmo abrasador y el músculo del Limoges fueron la montaña, un calco de la ida, pero es que encima las 12 pérdidas al descanso eran una zancadilla aún mayor para un colectivo que se esforzaba inútilmente por avanzar. La continuidad es cero y sus desconexiones son un cataclismo mundial.

Hubo alguna nueva aportación de Mrsic, como una zona 3-2 de salida u otra más adelante de 2-3, pero no es muy activa y solo trata de cambiar el ritmo, más que oscurecer el ataque contrario. Y otro chispazo: Mumbrú dio un pase a lo Sabonis de espaldas sin mirar a Vucetic que fue canela en rama. El alero barcelonés se estaba quedando muy solo una vez más en la anotación y en la segunda parte le ayudaron un poco. Mrsic se desespera buscando más amenaza en un equipo que vive en una tumba y otorgó mucha confianza a Hammink, que respondió. No hubo mucho más ante un adversario que encontró posiciones muy sencillas de tiro a poco que movía el balón o rompía en el uno contra uno desde fuera, algo que el Bilbao carece absolutamente. Meter canastas de dos es como llevar un bebé nueve meses y parirlo con harto dolor. Carter y Howard son esa delicia eléctrica que en el RETAbet provoca envidia. El partido fue un quiero y no puedo: primero se comió un 13-0 que anunciaba el fin, y luego mostró amor propio para ponerse a cinco (58-53) tras un dos más uno de Fischer, con un cuarto por jugar. Pero con otro soplido se fue al garete. El Bilbao Basket pide fichajes a gritos y estabilidad (el presidente, Koldo Mauraza, lo quiere dejar pero hará el esfuerzo de mantenerse en el cargo en principio hasta fin de curso ante tal crisis e incertidumbre). Lo mejor que puede hacer su nuevo entrenador es recuperar a Todorovic para la causa y esperar que Tabu obre un milagro. El Tenerife ha fichado a Kostas Vasileiadis ¡ay qué envidia más grande!