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Kobe, Iverson, Nash... el draft que lideró a una generación

HISTORIA DEL DRAFT | 1996

Kobe, Iverson, Nash... el draft que lideró a una generación

La NBA 'post-Jordan' no se entendería sin Kobe Bryant. Iverson y Marbury fueron ídolos de toda una generación. Nash y Ray Allen, eternos.

La NBA de hoy en día no sería lo que es sin Magic Johnson, Larry Bird y Michael Jordan. Hasta aquí todos estamos de acuerdo. Levantaron la liga en los 80, la consagraron en los 90 y con su 'adiós' el campeonato se quedó falto de líderes y símbolos. ¿Quiénes se sentarían en su trono? En el draft de 1996 hay varios jugadores que por calidad, carisma y talento se erigieron en 'mandamases' de la NBA: Kobe Bryant, Allen Iverson, Steve Nash, Ray Allen, Stephon Marbury, Pedja Stojakovic, Jermaine O'Neal... jugadores que, durante más o menos años, fueron (y algunos siguen siendo) estrellas de la mejor liga del mundo.

Top-10 y otras elecciones destacadas del Draft de 1996

1º Allen Iverson - Sixers

2º Marcus Camby - Raptors

3º Shareef Abdur-Rahim - Grizzlies

4º Stephon Marbury - Bucks

5º Ray Allen - Timberwolves

6º Antoine Walker - Celtics

7º Lorenzen Wright - Clippers

8º Kerry Kittles - New Jersey Nets

9º Samaki Walker - Mavericks

10º Erick Dampier - Pacers

13º Kobe Bryant - Hornets

14º Pedja Stojakovic - Kings

15º Steve Nash - Suns

17º Jermaine O'Neal - Blazers

20º Zydrunas Ilgauskas - Cavaliers

24º Derek Fisher - Lakers

La apoteosis de este draft llegó en 2001. Iverson y Kobe se midieron en las Finales y ambos, junto a Marbury, protagonizaron uno de los mejores All-Star que se recuerdan. El vídeo se explica por sí solo.

Draft. Los Sixers abrieron el proceso de selección con 'The Answer', Allen Iverson, el pequeño jugón de Georgetown, rey del crossover, 'David' en las Finales de 2001 contra los Lakers de Kobe y Shaq, Goliat. El conflictivo adolescente que antes de triunfar en la Universidad pasó unos meses en el correccional. Su madre, como muchas madres de jugadores NBA, fue su salvación. Habló con el entrenador de Georgetown y le convenció para que le aceptara en el equipo. Allen no defraudó. Dejó el 'college' como el máximo anotador de la historia de la organización y saltó a la NBA por necesidad familiar, su hermana estaba enferma y necesitaban el dinero para el tratamiento. Y llegó Philadelphia. La ciudad del amor fraternal idealizó a Iverson y con ella medio mundo se rindió a sus pies. Rookie del año. Fue un símbolo. Su cima: las Finales 2001. No pudo con los Lakers a pesar de haber sido MVP de la temporada y jamás llegó tan lejos. Lo intentaría después con Denver y con Carmelo pero sabía que su tiempo había pasado. Fue un jugador de 'partidos'. Nunca le gustó entrenar y lo confirmó en la famosa rueda de prensa que concedió tras perderse un entrenamiento. "Not a game, not a game, not a game...we are talking about practice", repetía, irónico. A partir de ahí, problemas con entrenadores y asuntos 'extradeportivos' fueron ensombreciendo la carrera de un jugador por el que el público sigue sintiendo un cariño especial, fuera de lo común. Porque Iverson tenía respuesta para todo. Él era la respuesta. 27,6 puntos y 6,1 asistencias en sus doce años con los Sixers, su casa.

Detrás de Allen los Raptors escogieron a Marcus Camby, un pívot que se había ganado una gran reputación en la NCAA como defensor. Tuvo una carrera larga hasta que se retiró el verano pasado: defensor del año en 2007, dos temporadas en el mejor quinteto defensivo y tres campañas líder en tapones. En total, 9,5 puntos, 9,8 rebotes y 2,4 tapones por encuentro en Raptors, Knicks, Nuggets, Blazers, Clippers y Rockets.

En el 3, Abdur-Rahim llegó a los 'nuevos' Vancouver Grizzlies (llevaban sólo dos años en la NBA) para liderar al equipo en sus tan difíciles inicios. Llegó a jugar el All-Star pero las lesiones acabaron con su carrera cuando apenas supera la treintena.

Con Stephen Marbury pasa algo extraño. Cuando uno piensa en él es inevitable sacar una sonrisa, pero en los números, en los fríos números, da la sensación de que Marbury nos debe mucho baloncesto. Marbury nos falló. En los Timberwolves, donde llegó tras el draft, vivió los playoffs desde el primer momento, tuvo el eco mediático que pedía su calidad y la de Kevin Garnett y rindió como presuponía su pasado (fue uno de los mejores jugadores de instituto de su generación). Pero la fría Minnesota y uno de los mejores jugadores jóvenes de la liga no fueron suficiente para Stephon, que quería ser una estrella en una ciudad importante. Criado en Coney Island, quería jugar en 'casa' y acabó en los Nets. Demostró su calidad pero el equipo no rindió lo suficiente y se quedó fuera de playoffs durante las dos temporadas que estuvo en el equipo. Y volvió a cambiar de ciudad. De nuevo, del glamour de la Costa Este a Arizona, a Phoenix, en un traspaso por Jason Kidd, que sí que triunfó en Nueva Jersey. De nuevo estaba en un equipo con futuro, con dos grandes jugadores (Amare Stoudamire y Shawn Marion) y jugando los playoffs. Pero su culo inquieto volvía a necesitar una gran ciudad. Y llegó al Madison Square Garden. La plaza más carismática, el pabellón de las películas, el destino de los ojos de todo el mundo y un contratazo que llegó a los 20 millones anuales. 'Starbury' a su máxima expresión. Pero Marbury nunca estaba contento. Su calidad y talento chocaban con una avaricia desmesurada que no le dejaba ser sólo un gran jugador de baloncesto. Lo tuvo todo y no tuvo nada. Problemas con Larry Brown, que ya había soportado a Iverson, y problemas con Isiah Thomas. Problemas con todos. Una carrera NBA tirada a la basura que acabó antes de tiempo, a los 31, bajo el 'run, run' del alcohol y las drogas. Voló a China, donde fue campeón con los Beijing Ducks, y donde demostró, una vez más, que no quiso ser la estrella que aparecía en su apodo.

En el 4 quedaba Ray Allen, el tirador empedernido que los Timberwolves mandaron a Milwaukee a cambio de Marbury. Actor, gran profesional y triplista antes que cualquier cosa. Porque si algo destaca en Ray Allen es el triple. Tardó 15 años en convertirse en el jugador con más triples anotados en la historia de la liga. Atrás dejó a Reggie Miller y a cualquiera que lo hubiese intentado. Fue ‘Jesus Shuttelworth’ en ‘He got game’ y todavía le queda cuerda. Su gran triple, el de 2013. Le dio un anillo a LeBron James y a sus Miami Heat después de haber conseguido otro con los Celtics de Pierce y Garnett.

Antoine Walker se fue a Boston para intentar liderar a unos Celtics que aún escuchaban de fondo el 'adiós' de Larry Bird. Herida abierta durante casi todos los 90. Walker promedió más de 20 puntos por partido durante varios años y, junto a Paul Pierce, devolvió a los 'verdes' a Playoffs. Además, fue All-Star en 1998. 2002 y 2003.

Lorezen Wright, Kerry Kittles, Samaki Walker, Erick Dampier, Todd Fuller, Vitaly Potapenko… y Kobe Bryant. Los Lakers, en un movimiento maestro, habían apalabrado con los Hornets el traspaso de Vlade Divac por su elección número 13 del draft. Días antes de la celebración Jerry West, en secreto, llevó a Kobe a jugar con algunos exjugadores de los Lakers. Todos quedaron impresionados y decidieron ‘esconder’ a Bryant. El traspaso por Divac estaba apalabrado y en Los Ángeles querían a Kobe, pero si lo hacían público otros muchos se podían interesar. Bryant, en ese momento, “solo” era una estrella de instituto y nadie le imaginaba mejor que Iverson o Marbury. Llega el draft y minutos antes de que los Hornets tengan que elegir, los Lakers llaman y les dicen el nombre de Kobe Bryant. No tenían tiempo ni de buscar información sobre él. Silencioso y efectivo. Kobe se hizo la foto con la gorra de los Hornets pero nunca pisaría una pista de la NBA con otra camiseta que no fuera la de los Lakers. Días después el acuerdo se hizo oficial, Divac viajó a Charlotte y el joven Bryant a L.A. El futuro ‘‘heredero’ de Jordan había llegado a Hollywood.

La historia de Kobe Bryant en los Lakers es de sobra conocida y está expresada de la mejor manera por Juanma Rubio en ‘La importancia de llamarse Kobe’. Cinco anillos, dos MVP de las Finales, un MVP de la temporada y muchos, muchos puntos, incluido el famoso partido de los 81. Kobe Bryant ya es una leyenda, ya es eterno y su tiempo todavía no ha terminado.

Justo detrás de la ‘Mamba Negra’, el draft de 1996 todavía tenía reservados a dos jugadores que también son historia de la NBA. Pedja Stojakovic (14º), ‘American Graffiti’, uno de los mejores europeos de siempre y uno de los grandes tiradores del Siglo XXI. Fue pieza vital de los mágicos Sacramento Kings de inicios de siglo y tuvo su premio en 2011 ganando el anillo con los Mavericks. 9498 puntos y un 40% desde la línea de tres.

Para acabar, y no por ello menos importante, los Phoenix Suns escogían con el número 15 a Steve Nash. El sudafricano-canadiense que triunfó en Arizona y Dallas. Qué decir. Nash ya vive en el podio de mejores bases blancos de la historia de la liga, junto a Pete Maravich y John Stockton. Como este último, la selección de Nash fue excesivamente criticada por los aficionados. Había hecho varias temporadas impresionantes en la Universidad de Santa Clara, alejado de la atención mediática, y su condición de canadiense nunca ayudó.

Llegó y sufrió desde el banquillo en Phoenix, que ya tenía a Sam Cassell y que después tuvo a Jason Kidd. Fue en 1998 cuando el hijo de Don Nelson, ‘Donnie’, que le conocía de la Universidad, convenció a su padre para que lo llevase a Dallas, donde Nash se hizo un nombre. En 2004 y después de que los Mavericks no le ofreciesen un nuevo contrato, volvió a Phoenix. Fue dos veces MVP de la temporada regular y vivió sus mejores años. Una leyenda.

Jermaine O’Neal (17º), Zydrunas Ilgauskas (20º) y Derek Fisher (24º) también fueron seleccionados en un draft que, si bien no tuvo a Michael Jordan, Olajuwon o Barkley como el del 84, tuvo a varios jugadores que fueron referencia para una generación que estaba viviendo los últimos años de 'MJ' y que ya había dicho ‘adiós’ a Magic Johnson. Fue un cambio de generación. Un buen y gran cambio de generación.

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