Nada detiene a los Warriors

MAVERICKS 98-WARRIORS 105

Nada detiene a los Warriors

Un primer tiempo antológico sentencia a los Mavericks. Incluso sin Bogut, los Warriors mantienen su extraordinario nivel defensivo. Llevan 15 triunfos seguidos y están 20-2.

El partido llevaba escrita la palabra peligro para los Warriors. Tal vez el fin de su racha: visita a la caldera de Dallas, menos caldera en horario matinal, sin Andrew Bogut, que está dando los primeros síntomas de la debilidad física que le ha impedido ser uno de los mejores pívots de la NBA en los últimos años. Pero apareció Klay Thompson. Boom. Se unió Stephen Curry. Boom boom. Y terminó el trabajo ese extraño elemento llamado Draymond Green. Y a los Warriors, en Dallas y sin Bogut, les sobró medio partido: primer equipo que alcanza las veinte victorias (20-2) quince de ellas seguidas desde que perdieron contra los Spurs el 11 de noviembre. Eso, en tiempos del calendario NBA es el pleistoceno.

El partido enfrentaba a los dos mejores rating ofensivos de la NBA. Pero es que los Warriors lideran esta estadística y también la del rating defensivo, la del ratio asistencias/pérdidas, la del pace (número de posesiones: ritmo) o la del truce porcentage shooting (el valor neto, no bruto, de los tiros a canasta). Lo lideran todo. Un dato que da vértigo: los últimos que fueron líderes en rating defensivo y en ese pace, los últimos que defendieron a lo bestia y corrieron sin parar, fueron los Celtics de Bill Russell. Así de buenos son estos Warriors que ganaron el primer cuarto 18-39 y estiraron la paliza hasta un 34-62 cerca del descanso. Después llegaron los intentos de los Mavericks, a caballo entre la fe que impulsó Carlisle, el orgullo del trío Nowitzki-Ellis-Chandler y la relajación de unos Warriors que apagaron la rebelión con manotazos distraídos y una exhibición de ese Green multidisciplinar que anotó doce de sus 20 puntos en el tercer cuarto (ocho casi seguidos cuando la cosa se había puesto 64-77) y terminó el partido con dos tapones seguidos a Nowitzki en el último intento imposible de los texanos (88-100 con tres minutos por jugar). Todo fue maquillaje en una guerra en la que la baja de Parsons (26 puntos de media en los tres partidos anteriores) pesó más que la de Bogut…

Y la de Lee. Porque los Warriors también juegan sin David Lee, asunto que parece en el olvido por el excelente nivel de Green en el quinteto y Speights en la segunda unidad. Así que sin su juego interior titular, los Warriors ganaron con suficiencia en una de las pistas más difíciles de la NBA. Y lo hicieron ante un rival que en realidad le va muy bien: Nelson y Ellis no pueden frenar en defensa a Curry y Thompson, los Splash Brothers, y Livingston (base de 2,01) trituró en los relevos a JJ Barea (base que roza el 1,80). En esa primera parte de pesadilla, los Mavericks vivieron del rebote ofensivo y del tiro libre: ningún equipo ha llegado al 50% todavía ante la fantástica defensa de los de Oakland, un juego de ajustes, ayudas y movimientos inteligentes que conecta automáticamente con un ataque esplendoroso, la verdadera brecha diferencial entre el equipo de Mark Jackson y el de Steve Kerr: todo pasa por Curry pero no sólo pasa por Curry. Circulación rápida, festín en cada emparejamiento favorable y las cosas de Curry y Thompson, 34 puntos entre los dos al descanso.

El mérito de Dallas fue convertir un 44-70, nada más volver del vestuario, en el citado 64-77 siete minutos después. Primero cargó Nowitzki, luego un Monta Ellis que tardó más de medio partido en entrar en calor. La sensación fue que faltan especialistas defensivos para aplicar a pies juntillas el estilo Carlisle. Aunque los más optimistas dirán que competieron casi de igual a igual después del primer cuarto. Ese primer cuarto: 18-39. Así que la primera derrota en más de un mes de los Warriors tendrá que esperar. Es mucho equipo, muchísimo. Ahora mismo el mejor del mejor Oeste que se recuerda. Una mezcla de química y física a la que por ahora no detiene nada. A ver hasta dónde llega.

Comentarios

Comentarios no disponibles