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El equipo cuántico

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El equipo cuántico

No sé por qué, pero últimamente he visto (y me han encantado) un par de series que usan la mecánica y la computación cuántica como elementos importantes en su trama. Lamentablemente soy de letras y no entiendo dichos conceptos tan bien como me gustaría, ya que me parecen realmente fascinantes. Por cierto, por si os lo estáis preguntando, dichas series son Dark y Devs, respectivamente (y si sois fans de la ciencia ficción no espacial, os recomiendo ambas).

Primero una pequeña explicación de dichos conceptos, con la ayuda inestimable de la Wikipedia, y pidiendo perdón por adelantado a la comunidad científica por el posible destrozo que puedo perpetrar a continuación. Espero que se tome este artículo como lo que es, una mera licencia.

El concepto de superposición cuántica se usa para explicar que cierto objeto tiene simultáneamente dos o más valores de una cantidad observable. Por ejemplo, el famoso gato de Schrodinger que, mientras la caja está cerrada, se encuentra vivo y muerto al mismo tiempo. En la computación cuántica se usa el mismo concepto, y en lugar de bits que pueden tener uno u otro valor (1 o 0), la unidad que se utiliza, llamada cubit, puede tener como valor 1, 0 o la superposición de ambos (1 y 0 al mismo tiempo).

Os estaréis preguntando, con razón, qué narices tiene que ver todo esto con el deporte. Probablemente nada, pero es la única explicación que se me ocurre al comportamiento de un equipo en concreto, que citaré más adelante.

En muchos deportes de equipo, por ejemplo en el fútbol y el baloncesto (que son los más seguidos por estos lares), son los mismos jugadores los que defienden y los que atacan, y la competitividad de dicho equipo suele venir de la efectividad con la que desempeñen ambas funciones. En el football americano, sin embargo, se ha llegado a un nivel de especialización de cada uno de los jugadores que hay, directamente, un equipo de ataque y otro de defensa. Es decir, si un equipo de fútbol tiene 11 titulares a los que se pueden incorporar en el partido unos cuantos cambios, uno de football tiene 11 en ataque, con sus sustituciones, y otros 11 en defensa, también con sus sustituciones (más otro puñado de titulares en los llamados equipos especiales).

Si bien a menudo sucede que un equipo de la NFL pueda ser malo en una faceta y bueno en otra, no recuerdo nunca una diferencia tan brutal como la que se nota este año con los Chicago Bears. Un equipo que es de los tres mejores en defensa y de los tres peores en ataque. Un equipo que es, al mismo tiempo, buenísimo y malísimo. El equipo cuántico. Porque lo binario no es capaz de definir correctamente lo que supone ver un partido de la escuadra chicagüense. Como se puede ser, al mismo tiempo, tan buenos y tan malos.

La defensa de Chicago fue una de las más dominantes hace dos años, cuando el equipo, de la mano del nuevo head coach Matt Nagy y el coordinador defensivo Vic Fangio, pasó de un 5-11 y el último puesto de la división por segundo año consecutivo a un 12-4 y el campeonato de la siempre difícil NFC Norte. Y no cabe duda de que la unidad fue la gran responsable de este salto. La incorporación de un futuro Hall of Famer, Khalil Mack, hizo dar a esta unidad, que ya era competitiva, un gran paso adelante. Si bien el año pasado se produjo un pequeño bajón (se fue Fangio siendo sustituido por Chuck Pagano y se perdió por lesión a Akiem Hicks, uno de los puntales de esta defensa), este año la defensa vuelve por sus fueros y, como ya he dicho antes, es una de las tres mejores de la competición. Además de los citados Mack y Hicks destacan Roquan Smith, Kyle Fuller, Eddie Jackson o el rookie Jaylen Johnson, entre otros.

Sin embargo el ataque no solo no ha mejorado, sino que se ha hundido cada vez más. Y eso que el entrenador Nagy, era (al menos en teoría) un especialista ofensivo. Si bien se notó mejoría frente al anquilosado ataque de John Fox en su primer año, en el que además de la NFC Norte el HC conseguiría el galardón de Entrenador del Año, en las dos temporadas siguientes ha sido absolutamente incapaz de dar con la tecla. En 2018 el ataque fue el 21º (de 32 equipos), en el segundo bajó hasta el puesto 29 y este fatídico 2020 ya hay muchas gráficas que nos situan como uno de los dos o tres peores.Nada funciona en un ataque que tiene piezas con las que, a priori, debería ser, si no ya competitivo, sí al menos mínimamente funcional. Pero que está lejos de ser ni tan siquiera eso. Tanto Nagy como el general manager Ryan Pace cada vez parecen más en el disparadero, el segundo pese a ser el artífice de tan maravillosa defensa.Desgraciadamente, también lo es del horripilante juego de ataque, son sus muchísimos defectos.

A finales de diciembre tendremos que abrir la caja y comprobar si los Osos de Schrodinger están vivos en la competición o muertos. Hasta entonces, el equipo cuántico seguirá en ambos estados al mismo tiempo.

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