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Fichajes frustrados que cambiaron el fútbol

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Fichajes frustrados que cambiaron el fútbol

El fútbol no sólo se compone de jugadores y de equipos. En su trastienda quedan operaciones secretas, raras decisiones, fichajes que no llegaron a su punto final por diversos motivos...

El arte de fichar bien es un arte difícil. Requiere paciencia, diálogo, negociación, una amplia red de relaciones, mucha mano izquierda y mucha, muchas más suerte. Así solía explicar Ramón Mendoza las claves para llevar a cabo la contratación de un jugador de tronío, de relumbrón, que alegrase a la sufrida afición. Y razón no le faltaba al antiguo presidente del Real Madrid. Prácticamente, todos los aficionados saben que por cada fichaje importante que se lleva a cabo, hay otros muchos que se quedan a las puertas. Y más si los clubes inmersos en dichas operaciones son de los más importantes del mundo…

Cuello y Juárez: Ni para ti ni para mí

Teófilo Juárez y Alberto Cuello eran dos centrales argentinos que militaban en el River Plate. Corrían los años 30 y el por aquel entonces Athletic de Madrid se fijó en la pareja para reforzar su plantilla. Tras varias conversaciones, ambos jugadores llegaron a la capital española a comienzos de la temporada 1935-36 para firmar por el conjunto madrileño. Pero también el Madrid (por aquel entonces no se utilizaba el término Real al estar suprimido dicho término bajo la República) quiso contratar a los dos zagueros sudamericanos. Las negociaciones entre el club argentino, la AFA y los colchoneros llegaron a buen puerto, pero el Madrid metió baza: si no podía ficharlos, tampoco jugarían en el Athletic. Y empezó una guerra subterránea de despachos: los jugadores estaban en Madrid, pero no podían jugar al no tener el pertinente tránsfer de la AFA. Finalmente, ésta dio el visto bueno para que jugasen en el Athletic. ¡Todo se arreglaba! Pero surgieron varios problemas: la Liga había acabado, el Athletic había descendido a Segunda… y meses después estallaría la Guerra Civil. Los argentinos huyeron espantados y nunca jugarían en España.

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Molowny: cuando el avión llego antes que el barco

Transcurría el año 1946. Santiago Bernabéu ya había sido nombrado presidente del Real Madrid cuando en un viaje ferroviario entre Valencia y Barcelona, se bajó en la estación de Reus. Allí compró La Vanguardia, donde leyó que el Barcelona había enviado a un emisario, Ricardo Cabot, secretario del club, a Las Palmas, para fichar a Luis Molowny, un joven jugador isleño que pertenecía al Marino y del que ya se hablaba, y con notoriedad, en el ámbito futbolístico, aunque se daba la curiosidad de que sólo había jugado en las Islas Canarias. La noticia llevaba un titular concluyente: “Molowny, al Barça” y en ella se explicaba que Cabot viajaba en barco para cerrar la operación. Bernabéu, en un acto reflejo, buscó un teléfono y llamó a Jacinto Quincoces, secretario técnico del Real Madrid: “Ve al banco, coge 100.000 pesetas en billetes de cien, y coges el primer avión que salga para Las Palmas. Allí fichas a Molowny”. Quincoces no rechistó. Llegó dos días antes que Cabot y tras observarle en un partido amistoso, cerró la operación: 75.000 pesetas para el club y las 25.000 restantes para el jugador, como señal de contrato. Molowny se consagraría primero como jugador y luego como técnico del Real Madrid.

La Juventus se queda sin Eusebio por ser 'Patrimonio de Estado"...

En 1964, la Juventus de Turín se ve obligada a reforzar su plantilla a lo grande. El AC Milan había ganado la Copa de Europa en 1963, y el año siguiente había sido el Inter el vencedor de dicho trofeo. Además, se daba la circunstancia de que ambas escuadras contaban con gloriosas figuras, caso de Rivera en el cuadro rossonero, o de Luis Suárez y Sandro Mazzola en el neroazzurro. Eusebio, delantero del Benfica, era la gran figura del momento en Europa y el equipo turinés pensó en él como el refuerzo más adecuado para sus intereses, y por ese motivo presentó una oferta irrechazable, tanto para el jugador como para el conjunto encarnado: el jugador cobraría cuatro veces más de lo que percibía en Portugal. Todo el país estaba pendiente de la decisión final. Y cuando menos se esperaba, surgió la figura de Antonio de Oliveira Salazar, presidente y dictador luso. Éste le invitó a comer en su residencia presidencial. Nada más llegar el futbolista le corta de modo tajante: “¡Usted no puede irse a jugar al extranjero. Entienda que es Patrimonio del Estado!”, a lo que Eusebio replicó: “Si soy Patrimonio del Estado, ¿por qué tengo que pagar impuestos?”. Pero Salazar, astuto, le empieza a hablarle de fútbol, del Benfica, de su rival lisboeta, el Sporting, de la selección portuguesa, del Mundial a celebrar en Inglaterra dos años después… Al término de la cita, Eusebio sabe perfectamente que seguirá en las filas del Benfica más tiempo

... y el Inter lo pierde al cerrarse las puertas a los extranjeros

Dos años después, en 1966, Eusebio se consagró en el Mundial de Inglaterra. Llevó a Portugal a finalizar en tercera posición y marcó nueve goles. El Inter milanés que preside Ángelo Moratti se fija en él e intenta su contratación. Sabe que no lo va a tener fácil, pero lo intenta. La sorpresa es monumental. El Benfica accede a traspasar a su estrella y el gobierno de la nación tampoco le pone impedimentos. El acuerdo se cierra rápidamente. Eusebio firma por el Inter, y cuando todo está preparado, una disposición de la Federación Italiana de Fútbol ordena el cierre temporal a la entrada de jugadores extranjeros. El Inter se queda sin la Pantera Negra y Eusebio sin la posibilidad de jugar en un Campeonato extranjero, aunque lo haría más tarde, en 1975, para irse a jugar a EE UU, México y Canadá. Desde 1966 hasta 1975, Eusebio ya no es el mismo a causa de las lesiones y la edad: tiene 33 años y ha sufrido seis operaciones en su rodilla izquierda y otra más en su rodilla derecha. Ya no era “Patrimonio del Estado” portugués

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La moneda de oro que siempre recibía Luigi Riva por Navidad

Luigi Riva fue uno de los grandes delanteros italianos de las décadas de los 60 y los 70. Para muchos, ha sido el mejor atacante italiano que surgió en el país transalpino tras la II Guerra Mundial. Uno de los principales ejecutores del único Scudetto que figura en el palmarés del Cagliari, Riva, apodado El sonido del trueno por Gianni Brera (uno de los grandes periodistas italianos), debido a la fuerza que poseía en su pie izquierdo (Manlio Scopigno, su entrenador en el conjunto sardo en 1969, le definió rápidamente: “A Gigi el pie derecho no le sirve más que para subir al tranvía”), contó en una entrevista concedida al diario El País, que Ángelo Moratti, presidente por entonces del Inter de Milán y padre del actual máximo mandatario Massimo, le quería fichar a toda costa para el conjunto neroazzurro: “Me querían todos: Milan, Juve, Roma… Cada Navidad, Ángelo me mandaba una moneda de oro para que firmara por el Inter. Como siempre me negaba, cansado de esperarme, optó por darle la moneda al Cagliari para que, en caso de que me quisiera marchar, ellos tuvieran una opción preferencial”. Pero nunca lo hizo. Gigi Riva, campeón con Italia de la Eurocopa de 1968 y subcampeón del mundo en el Mundial de México-1970, permaneció en las filas del Cagliari desde 1962 hasta 1976, proclamándose tres veces capocannoniere (máximo goleador) del Scudetto... y nunca fichó por ningún equipo poderoso del Norte de Italia.

Overath eligió el frío de Colonia al sol de Sevilla

En la década de los 60 y los 70, un centrocampista alemán destacaba en las filas del Colonia. Se llamaba Wolfgang Overath, y era todo un espectáculo. Tanto, que se proclamaría campeón del Mundo en Alemania-74. Ese mismo verano, el Betis se interesó por sus servicios y entabló conversaciones con la directiva del conjunto alemán. Ésta, para premiar al jugador por su fidelidad (llevaba 11 temporadas en la primera plantilla) y el título mundial recién conquistado, permitió la negociación. Y el teutón accedió, fijando tres condiciones. La primera: firmaría sólo por dos temporadas, a razón de 1.250.000 pesetas de la época como ficha anual, La segunda: 20.000 pesetas de sueldo mensual y la tercera: su residencia quedaría fijada en el hotel Alcázar con todos los gastos pagados. La directiva verdiblanca dio el visto bueno, pero cuando todo estaba cerrado, el jugador dio marcha atrás. ¿Qué había pasado? Las malas lenguas aseguran que el jugador, que llegó a finales de agosto y principios de septiembre a Sevilla, no aguantó el intenso calor existente. Prefirió el frío alemán al sol sevillano… 

El despido de Weisweiler impidio la llegada de Beckenbauer al Barça

En 1975, el Barcelona contrató al técnico alemán Hennes Weisweiler, y además, había que reforzar la plantilla azulgrana tras la Liga ganada por Johan Cruyff en 1974. Así, el técnico alemán sondeó a Franz Beckenbauer para que se incorporara a la disciplina azulgrana en el verano de 1976, y se encontró con una respuesta sorprendente: un “sí” sin condicionantes, y empezaron a negociar su llegada. Las directivas del Barça y del Bayern se pusieron en contacto para llevar a cabo la operación de la manera más secreta posible. El posible traspaso de Beckenbauer al conjunto barcelonés sería una noticia de gran impacto en todo el mundo futbolístico. Pero a la vez que se está llevando a cabo dicha operación, los resultados del conjunto azulgrana no son los más adecuados, hasta que una bronca entre el entrenador alemán y Cruyff, la gran estrella holandesa azulgrana, en Sevilla, provoca el despido del primero. Beckenbauer, habiéndose quedado sin su valedor, frenó la operación. Luego recalaría en la NASL, la liga de fútbol americana.

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Blokhin: no al Madrid al romperse Kipiani la pierna en el Bernabéu

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A finales de la década de los 70, el Real Madrid quiso fichar al extremo soviético Oleg Blokhin. El hombre encargado de la negociación fue Ramón Mendoza. Pertenecía a la directiva madridista, pero la revista Cambio 16 había sacado un número especial en octubre de 1978 en el que se le relacionaba con la KGB soviética, lo que motivó su suspensión en la directiva madridista, y de paso el cese de la operación. Blokhin había sido elegido Balón de Oro en 1975 y era la gran sensación tanto del Dinamo de Kiev como de la selección soviética. En 1981 se volvió a plantear la contratación. La primera reunión fue provechosa: se reunieron tanto Luis de Carlos como el propio Mendoza con el embajador ruso en España. Era una primera toma de contacto y sirvió para palpar la situación. Posteriormente, el propio Mendoza viajó hasta Moscú para reunirse con el presidente de la Federación de Fútbol soviético primero, y con el propio jugador después. Pero a la vez que estaba la negociación en marcha, los mandos políticos de la URSS, le elevaron dentro del escalafón militar: le ascendieron a coronel del Ejército. Era una manera de compensar lo poco que ganaba como deportista de elite, pero a la vez le imposibilitaba abandonar territorio soviético debido a su graduación militar. Pero lo que no sabían ni De Carlos ni Mendoza es que la clase dirigente rusa no perdonaría que David Kipiani, uno de los mejores jugadores soviéticos de aquel entonces, cayese lesionado gravemente por una entrada de Ángel en un partido que enfrentó al Real Madrid con el Dinamo de Tbilisi en el Trofeo Bernabéu de 1981. Así que Blokhin se quedó en la URSS y el Real Madrid sin extremo izquierda.

Trevor Francis, Cantona y un doble examen

En enero de 1990, el Sheffield Wednesday decidió nombrar entrenador-jugador a Trevor Francis: tanto para él como para el conjunto inglés era una gran oportunidad. El club, por tener un jugador carismático como entrenador y a la vez refuerzo al poder actuar como futbolista de campo (había sido uno de los grandes delanteros de la década de los 80), mientras que para Francis era la enésima oportunidad de poder triunfar en el fútbol inglés. Pero su presencia en dicho club será recordada por un error terrible: no saber vislumbrar las cualidades de un joven delantero francés. Su nombre era Eric Cantona, el hombre que cambió el fútbol en el país originario del deporte rey. El francés estuvo a prueba en el propio Sheffield a principios de 1992. Tras verle en acción a través de un par de cintas de vídeos repletas de partidos y jugadas personales del galo, Francis le tuvo a prueba en un campo de césped artificial. Había nevado y quería comprobar sus cualidades técnicas. Cuando Cantona acabó los ejercicios, Francis le espetó: “Ahora hijo, quiero verte hacer lo mismo en un campo de hierba natural. Mañana volverás y harás lo mismo en ese campo de ahí enfrente”. Cantona, incrédulo, le dijo que nones. Que no iba a repetir nada al día siguiente y se marchó. Una semana después, el Leeds United anunciaba la contratación del galo. Con él llegaría el último título liguero de este conjunto, pero el comienzo del cambio en el fútbol inglés.

Zico: no al Real Madrid por respeto a su padre

Casi a finales de la década de los 70, la directiva del Real Madrid se interesó vivamente por hacerse con los servicios del brasileño Zico. El apodado Pelé Blanco pertenecía al Flamengo y el conjunto blanco le consideraba prioritario para volver a reverdecer laureles en el continente europeo. La directiva madridista valoraba que podría ser la pieza clave para intentar asaltar el trono de la Copa de Europa, pero se topó con la negativa del padre del jugador, José, un panadero portugués y forofo del Fla, que prohibió a su hijo salir del país y mucho menos abandonar las filas del conjunto rojinegro. El club madridista no se arrugó y en 1983 volvió a intentar su fichaje. En esa otra ocasión el motivo fue radicalmente distinto. El conjunto madridista había acabado en segundo lugar en las cinco competiciones que había disputado (Liga, Copa del Rey, Recopa de Europa, Supercopa y Copa de la Liga) y veía como su máximo rival, el Barcelona, reforzado con el argentino Diego Armando Maradona, estaba moldeando un bloque ganador.

Empezó la negociación con el Flamengo, que vino a pedir (más o menos) algo más de un millón de pesetas por cada gol que había marcado esa temporada, 42: es decir, la llegada de Galinho costaría unos 600 millones de pesetas. La directiva madridista se echaba las manos a la cabeza, pero Luis de Carlos estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de tapar el fracaso de la temporada anterior, y empezó las negociaciones con el club brasileño. Cuando estaba todo encarrilado, la directiva brasileña se descolgó en sus pretensiones económicas. Mientras discutían por un quítame allá esas pajas, apareció el Udinese italiano, que le arrebató el jugador. Precisamente ese verano de 1983, el primer partido amistoso del Real Madrid fue un amistoso en Italia ante el… Udinese en el estadio del club transalpino, que acabó ganando ese partido (2-1). ¿Adivinan quién marcó el primer gol del cuadro transalpino? Efectivamente, el propio Zico.

Gullit: citas a medianoche

A mediados de la década de los 80, un jugador holandés, nacido en Surinam, brillaba en el PSV Eindhoven. Se llamaba Ruud Dil Gullit. Era alto, potente, técnico, despuntaba marcando goles… Su fama empezaba a recorrer el continente europeo. En 1986 y estando con su equipo realizando un stage invernal en Tenerife, el Real Madrid intentó su fichaje. Ramón Mendoza ofreció seis millones de dólares (casi 4 millones de euros) de la época por él al club holandés. La negociación estaba en marcha, con continuas visitas del propio Mendoza a Eindhoven o reuniones a medio camino, en París, con Kees Ploegsma, gerente-manager de la Phillips, para cerrar la operación.

La intención del Real Madrid era que se incorporase en el verano de 1987, con objeto de comenzar la pretemporada con su nuevo equipo. Sin embargo, lo que no sabía ninguno de los dos es que el fornido jugador holandés había sucumbido a los encantos de sirena procedentes de Italia, concretamente de Silvio Berlusconi, magnate televisivo y presidente del AC Milan. Éste se había quedado prendado de las actuaciones del holandés y de los en desagravio a su comportamiento anterior y un gesto de respeto. Cuando Gullit llegó, receloso y altivo, el presidente milanista le ofreció un suculento contrato, amén de uno de los dos presentes que tenía. Gullit se quedó con todo: el contrato, firmado en ese instante, para él y los bombones y el ramo para su mujer. Por su parte, el Real Madrid se quedó sin el jugador y con un pasmo de narices. El PSV se embolsaba además casi 11 millones de dólares (unos 8 millones de euros al cambio), casi el doble de lo que ofrecía el conjunto madridista.

Silva, el chófer de Llaudet

En 1966, y con la prohibición de fichar jugadores extranjeros aún vigente, el presidente del Barcelona, Enrique Llaudet, fichó a un delantero brasileño: Silva. El máximo mandatario azulgrana tenía varias razones para llevar a cabo tal operación: el mercado español le parecía caro, el Barcelona por aquel entonces no tenía un buen bloque nacional a la vez que el Real Madrid arrasaba año tras año en el campeonato liguero… y una charla con Juan Antonio Samaranch, por aquel entonces delegado nacional de Deportes, que no veía mal abrir las fronteras a los futbolistas extranjeros. Samaranch veía un signo de aperturismo, un gesto de modernidad, el que los equipos de fútbol pudiesen contratar futbolistas extranjeros, y con el ánimo de presionar a los directivos de la RFEF, Llaudet dio ese primer paso. Walter Machado da Silva había jugado con Brasil el Mundial de Inglaterra-66, y le habían apodado El sucesor de Pelé, un calificativo exagerado. Era muy técnico y ágil.

Disparaba con ambas piernas, e iba bien de cabeza. El fichaje le costó 180.000 dólares de la época al Barcelona provocando un gran escándalo. Llaudet, en vez de apaciguar el asunto, le echó más gasolina, dejando una frase mítica y traicionera a la vez: “Si no puede jugar lo utilizaré como chófer. Siempre he querido tener un chófer negro”. Días después, Llaudet tuvo que rectificar: “Estoy dispuesto a hacer de chófer del señor Silva siempre que me lo pida”. El jugador se quedó en Brasil, esperando en vano. Jugaría algunos amistosos con la camiseta azulgrana, y acabaría siendo vendido al Santos por 100.000 dólares. Al tiempo jugaría un trofeo Joan Gamper, donde dejó patentes sus cualidades: marcó un gol de tijera a Iribar en semifinales y dos en la final al … Barcelona.

Gil le quitó a Futre al Inter en el mismo Milán

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Jesús Gil lo tenía decidido: quería ser presidente del Atlético de Madrid a toda costa. Ya había sido directivo con Vicente Calderón, y sentía devoción por los colores rojiblancos. Corría 1987 y ese año había elecciones a la presidencia del club. No se lo pensó dos veces: necesitaba fichar a un jugador de relumbrón, un estandarte en el que confiase la afición atlética para poder reverdecer laureles. Mientras barajaba nombres, se reunía con agentes, representantes y con futbolistas, llegó la final de la Copa de Europa. Ese año la disputaron el Oporto y el Bayern de Múnich. Rápidamente se fija en un jugador escurridizo, veloz, carismático… Se llama Paulo Futre y ese partido le consagraría a niveles estratosféricos. Llevaría a su equipo a ganar la Copa europea, la primera del conjunto portugués, e hizo una jugada maradoniana que engrosa hoy día los anales del fútbol: fue driblando oponentes, pero su disparo final se marchó fuera por poco. Gil lo vio claro: ése joven luso iba a ser su estrella. Pero había un problema.

El jugador estaba prácticamente cerrado por el Inter de Milán. Conociendo sus intenciones, Gil cogió un avión, llegó a la capital lombarda y se fue directo al hotel donde estaban tanto el presidente como el jugador lusos, ya que estaban jugando el Mundialito de Clubes. Desde la recepción hizo llamar a la habitación de Futre y éste bajó al hall con una camiseta, un pantalón corto y unas chanclas de playa que llevaban su nombre inscrito. Estaba durmiendo la siesta y bajó debido al ruido existente. De pronto un “señor grande” (así le definió el propio Futre), le espetó: “¡Hombre, tú eres Futre!”. Cinco horas después, ese señor grande y esa emergente estrella portuguesa entraban en la madrileña discoteca Jácara, donde había unas 5.000 personas gritando y jaleando su nombre. ¡Ah! Y Jesús Gil ganó las elecciones.

La mala suerte del Atlético: ni Ronaldo, ni Anelka, ni Inzaghi

A mediados de la década de los 90, el Atlético de Madrid se interesó por varias promesas atacantes. Así, en 1996, y tras haberse proclamado campeón de Liga y Copa españolas, Jesús Gil, dispuesto tanto a rejuvenecer la plantilla como a fortalecerla para la disputa de la Champions League, decidió apostar por el fichaje de un joven delantero brasileño que explotaba todas sus virtudes en el PSV Eindhoven. Dos años antes se había proclamado campeón del mundo en el Mundial celebrado en Estados Unidos con su selección (pese a no jugar un solo minuto ante las críticas y consejos recibidos por el seleccionador Carlos Parreira). Se llamaba Ronaldo Nazario da Lima. Así pues, comenzó las negociaciones con el conjunto holandés, pero el equipo tulipán se descolgó pidiendo 2.500 millones de pesetas (unos 15 millones de euros en la actualidad). Tras arduas negociaciones, el acuerdo estaba cercano cuando otro club español se metió en disputa: el Barcelona se interesó vivamente por el crack carioca, y enterado del precio del traspaso, lo acometió sin ningún tipo de miramiento. Mientras los dos agentes del jugador hablaban con ambos clubes, las malas lenguas aseguran que un directivo azulgrana le convenció de una manera rápida y efectiva. Le explicó con una simple frase la diferencia entre vivir en Madrid o hacerlo en Barcelona: “En Barcelona hay playa; en Madrid, no”. La presencia del mar para un habitante de Rio de Janeiro es prácticamente vital. Dicho y hecho, el crack brasileño acabó militando en el conjunto azulgrana, aunque un año después (con tres títulos conquistados: Recopa de Europa, Copa del Rey y Supercopa de España) cambiaría la Ciudad Condal por el frío de Milán.

Casi un año después, el conjunto rojiblanco se fijó en las grandes cualidades de otro joven jugador. En esta caso era francés, apenas tenía 17 años, espigado, rápido y dotado técnicamente. Su nombre: Nicolas Anelka y era todo un chollo para los diferentes equipos del continente europeo, que deben hablar con su equipo, el Paris Saint-Germain, para empezar a negociar las cuestiones económicas para un posible traspaso. Y es cuando empiezan a surgir los rumores que apuntan a que Anelka está supeditado a las decisiones que toma su hermano Didier. La directiva rojiblanca negocia con el hermano-representante para que recale en junio de 1997, y cuando hay un acuerdo prácticamente total entre ambas partes, el nuevo técnico francés del Arsenal, Arsène Wenger, dobla la oferta rojiblanca, y ficha finalmente por el club londinense en marzo de ese mismo año. ¿Qué hubiese pasado si finalmente Anelka hubiera recalado en el conjunto madrileño? ¿Se imaginan los choques de trenes entre Jesús Gil y el indisciplinado punta francés? Eso que se llevó el viento. Ese mismo verano, y buscando un delantero que supliese al argentino Juan Eduardo Esnáider, el conjunto rojiblanco se fijó en el fútbol italiano. Tras recibir sendas negativas para tratar de incorporar al también argentino Batistuta y al italiano Christian Vieri, de la Fiorentina y de la Juventus, respectivamente, se centra en un punta también italiano, que se había proclamado máximo goleador en el país transalpino. El futbolista en cuestión era Filippo Inzaghi, y pertenecía al Atalanta de Bérgamo. Radomir Antic, técnico del conjunto rojiblanco, fue el que dio el visto bueno a la operación, pero no sabían que parte de los derechos del jugador pertenecían al Parma, por lo que mientras los directivos rojiblancos discutían con sus homólogos bergamascos, la directiva parmesana lo hacía con la Juventus y con el AC Milan. Con el jugador totalmente convencido para que abandonase el Calcio y se enrolase en la Liga de los Ases, estalló la polémica.

La Juventus anunció su fichaje y el Atlético amenazó con denunciar al jugador por duplicidad de contratos. Pero todo se solucionó con la venta de Vieri al Atlético de Madrid por 2.000 millones de pesetas, justo lo que le había costado Inzaghi a La Vecchia Signora. Vieri sería máximo goleador de la Liga española en la temporada siguiente (1997-98), al marcar 24 goles en 24 partidos. Tras el Mundial de Francia volvería al Calcio. Precisamente, el verano de 2012, el mismo Pippo Inzaghi pudo haber recalado en el Granada. Tras haber finalizado su vinculación con el AC Milan, el conjunto andaluz se puso en contacto con él para que pasase a engrosar sus filas, pero una llamada telefónica del técnico del Real Madrid, José Mourinho, impidió que el acuerdo entre ambas partes fructificase. El propio jugador lo aseguraba de la siguiente manera: “José Mourinho me llamó. Charlamos sobre mi posible retirada, pero yo le pregunté por el Granada, la ciudad, el equipo, su entrenador, sus jugadores… y él me respondió: ‘Los mejores jugadores terminan sus carreras en los mejores equipos”. Dicho y hecho, renunció a venir a jugar a España. Esa fue la clave para que declinase la oferta del conjunto nazarí.

El AC Milan quería a John Barnes, pero fichó a Blisset

En la historia del AC Milan aparecen nombres como Van Basten, Gullit, Rijkaard, Papin, Weah, etc, pero cabe destacar uno de los grandes errores a la hora de llevar a cabo un fichaje de relumbrón. En el Watford inglés de la temporada 1982-83 destacaban dos jugadores. Atléticos, eléctricos, John Barnes y Luther Blissett fueron de los primeros jugadores negros que despuntaron en la selección inglesa. Su juego llamó tanto la atención que rápidamente estaban en boca de todo el mundo. En aquella época, era el fútbol italiano quien dominaba el mercado futbolístico a golpe de talonario. Así, el AC Milan envió a un emisario para que negociase el fichaje de John Barnes, pero antes de llevar a cabo la operación, el Watford jugaba un partido. En ese encuentro brilló Blissett de manera espectacular, tanto que el emisario llamó a las oficinas del club italiano, y cambió de decisión.

Por un millón de libras de la época, Blissett se convertía en jugador del Milan. Al año siguiente, el bueno de Luther sólo marcaría cinco goles en 30 partidos en Liga. Una vez acabada la temporada, al conjunto italiano le faltó tiempo para devolverlo por la mitad de lo que había costado. Pero sus 15 minutos de fama no acabarían ahí. Su paso por el Calcio italiano dejó huella en un grupo de muchachos que en 1994 crearon un grupo llamado The Luther Blissett Project. El grupo lo formaban Federico Guglielmi, Luca di Meo, Giovanni Cattabriga y Fabrizio P. Belletati, y en 1999 publicaron la novela Q. Las ideas que plasmaron eran de corte político, anarquista concretamente, aunque posteriormente decidieron cambiar de nombre. Blissett, por su parte, ha sido comentarista deportivo e incluso participó en la carrera de coches de Silverstone en 2011. Mientras, Barnes se convertía en santo y seña tanto en el Liverpool como en la selección inglesa.

Platini: no a Inglaterra para no jugar en Navidades

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La fama de Michel Platini recorrió la Europa futbolística mediada la década de los 70 hasta 1987, el año en que colgó las botas en las filas de la Juventus de Turín. Pero a finales de la década de los 70, su futuro estuvo a punto de cambiar de destino. En 1977, el Valencia contrató a Marcel Domingo como nuevo entrenador, que empezó a filtrar un presunto interés por los servicios del joven atacante galo. Así, el entrenador, junto con Pasieguito, entonces secretario técnico del club, y Manolo Mestre, viajaron hasta Nancy para entablar las primeras tomas de contacto para pasar a una posible negociación. La idea del Valencia era unir al joven talento francés junto con Mario Kempes.

La primera toma de contacto fue negativa para los intereses valencianistas, ya que el Nancy exigió unas elevadas condiciones económicas, aunque el jugador estaba plenamente de acuerdo. Las negociaciones avanzaban, aunque los clubes pretendientes aumentaban conforme iban pasando los días: Barcelona, Inter de Milán, Juventus… La Prensa española aseguraba que el fichaje sería cuestión de horas. Pero la negociación se truncó. Sin embargo, mediada la temporada se volvieron a retomar las mismas con vistas a un posible fichaje en el verano de 1978. Pero el punto anecdótico de la historia la pone el Levante. El club granota organizó un triangular con la presencia del Nacional de Montevideo… y del Nancy francés, el equipo donde jugaba Platini, e hizo firmar una cláusula al conjunto galo por la cual, el único partido que podría jugar el centrocampista en territorio español era, precisamente, el perteneciente a dicho triangular. La directiva valencianista se lo tomó como un desagravio, pero la imagen de Platini posando con falleras fue todo un clamor en Valencia. Al año siguiente, con Platini ya casado, el Valencia vuelve a la carga, pero el Nancy decide esperar a que finalice el Mundial de Argentina-1978 para calibrar sus opciones. La buena actuación personal de Platini le abre nuevos mercados. A los ya conocidos se le suman dos equipos ingleses, mejor dicho, londinenses y rivales: el Tottenham Hotspur y el Arsenal. Christelle, la mujer de Platini, le convence y deciden dar plantón al Valencia y probar la aventura inglesa. El problema llega cuando el jugador estudia los calendarios y repara que tiene que jugar en fechas navideñas. Decide no aceptar ninguna oferta del fútbol inglés, continua en el Nancy y firma un precontrato con el Inter de Milán. En 1979 cambiará el Nancy por el Saint-Etienne, donde estará hasta 1982, año en que estampará su firma como nuevo jugador de la Juventus. ¿El Inter? Cuando la Juve le preguntó si iban a contratar a la estrella francesa, el equipo milanés respondió que ya no estaba interesado en él…

El AC Milan y Prosinecki: un problema dental

A finales de la década de los 80, una joven generación yugoslava se alzaba con el Mundial juvenil en Chile. Era 1987, y en ese grupo había jugadores como Robert Prosinecki, Davor Suker, Zvonomir Boban, Predrag Mijatovic, Igor Stimac… Parte de esos jugadores se proclamarían campeones de Europa con el Estrella Roja en1991. Uno de ellos era Robert Prosinecki, que estaba causando sensación en toda Europa. Rápidamente, los grandes equipos del continente se pusieron tras su pista: el Real Madrid, el AC Milan, el Olympique de Marsella, el Bayern de Múnich… Pero el que más empeño le puso fue el conjunto madridista. No fue un fichaje fácil, pero finalmente se pudo concretar tras varios meses de espera. Lo más curioso del caso es que el jugador recaló en el conjunto de Chamartín tras haber recibido una negativa tajante de otro equipo, el AC Milan. La directiva rossonera le hizo pasar un reconocimiento médico, y le detectaron un problema. El cuerpo médico explicó a los dirigentes que Prosinecki, al tener la mandíbula alargada y los dientes salidos podría tener problemas musculares y de espalda. Decidieron fichar a otro jugador balcánico, Dejan Savicevic, que les dio un gran resultado. Prosinecki recalaría en el Real Madrid, donde tuvo muchos problemas de lesiones… musculares.

Bergkamp: el holandés que dijo "no" a Cruyff

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Decir Fútbol y Cruyff en Holanda es hablar de palabras mayores. El mejor jugador de la historia del fútbol neerlandés es casi un adoctrinador en el país donde nació. Tras haber finalizado su carrera como jugador, emprendió otra notable como entrenador. En las filas del Ajax, equipo con el que lo ganó prácticamente todo, fue moldeando jugadores según había aprendido de Rinus Michels, su gran valedor. Uno de esos jóvenes jugadores era un espigado delantero, dotado de una espectacular técnica aunque no muy físico. Se llamaba Dennis Bergkamp. Y desde que Cruyff fue nombrado entrenador del Barcelona, uno de sus deseos era incorporar al rubio holandés. En 1993, Cruyff se decidió al asalto final: ese sería el año en el que intentaría fichar a Bergkamp por todos los medios. Tras varias reuniones y llamadas telefónicas, el jugador decidió finalmente fichar por el Inter de Milán, enojando a El Profeta del gol, que ficharía a otro jugador que destacaba en el fútbol holandés: un brasileño llamado Romario...

El brasileño Cleo jugó un amistoso con el Barcelona

En diciembre de 1981, el FC Barcelona anunciaba el fichaje de un centrocampista brasileño llamado Cleo. El conjunto azulgrana, entrenado por Udo Lattek, necesitaba un recambio para sustituir a Bernd Schuster, que sufría una grave lesión. Tras explorar el mercado, el elegido fue Toninho Cerezo, pero al frenarse la negociación, deciden apostar por otro centrocampista brasileño: Cleo Inácio Hickmann. Cuenta con 22 años, de gran porte físico, alto, espigado y rubio, algo que llama poderosamente la atención, al igual que su personalidad. El 4 de febrero llega a Barcelona y comienza a entrenarse a modo de prueba, a la espera del requerido tránsfer. Sus primeras palabras son para dejar caer sus pretensiones: “En cuanto me vean jugar, me van a ofrecer un contrato de tres años”.

Sin embargo, empiezan a correr rumores de que el jugador es homosexual. Había posado y concedido una entrevista a una revista posando casi desnudo y realizando unas polémicas declaraciones, comentando la homosexualidad en el mundo del fútbol. Para acallar todo, hicieron traer a su novia de Brasil y casarlos en la Ciudad Condal… con Núñez y Gaspart de padrinos. Cleo, que afirmaba venir para quedarse tres años, se marchó a los tres meses. Sólo jugará un amistoso ante el Hospitalet antes de regresar a Brasil. Luego volvería a la Ciudad Condal para jugar un Trofeo Gamper, donde daría todo un recital de juego, logrando que su equipo, el Internacional de Porto Alegre, se llevase dicho trofeo...

Rubén Sosa: no al Real Madrid por una foto

Rubén Sosa era un delantero uruguayo que triunfó tanto en España, jugó en las filas del Real Zaragoza, como en Italia, militó en el Inter de Milán. En 1994, Jorge Valdano, técnico del Real Madrid, solicitó insistentemente sus servicios. El conjunto madridista contaba por aquel entonces con el chileno Iván Zamorano como delantero titular, pero el entrenador argentino quería otro tipo de jugador. Y el conjunto madridista comenzó las negociaciones con el equipo interista. Todo iba por el buen camino, pero de repente surge un problema: el Inter solicita más dinero, los agentes piden más comisión… El jugador estaba como loco por vestir la camiseta del Real Madrid, y no se sabe si para presionar a ambos clubes o no, decide posar con la camiseta madridista. Al día siguiente, dicha fotografía recorre todos los rincones del mundo. Pero más que presionar, esa instantánea provoca un monumental enfado en la directiva neroazzurra que se descuelga solicitando casi 100 millones de pesetas más de lo establecido. Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid, no puede alcanzar esa cifra, y Rubén Sosa no firmará nunca por el club madrileño. Por cierto, Zamorano se quedaría en las filas madridistas y se proclamaría máximo goleador en la campaña 1994-95.

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