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Gareth Bale

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Bale y la lengua del carisma

El domingo pasado, en la acción más viral de la jornada, el portero del San Sebastián de los Reyes protagonizó un último minuto de ficción. Su equipo vencía 1-2 al Unión Adarve, y en el minuto 92, cuando colocaba el balón para sacar, el astuto delantero rival se la robó. Tuvo que cometer penalti. Pero lo paró, y el árbitro pitó el final con el desenlace de su parada. Las radios que cubrían el partido salieron corriendo a entrevistarle. El guardameta es Jack Ruddy, un escocés cedido por los Wolves para curtirse por los campos de España. Miguel Ruiz, de Onda Madrid, le conoció impresionado, más por su castellano con acento murciano que por la parada. El idioma siempre ha sido fundamental.

Gareth Bale lo ha conseguido prácticamente todo en el Madrid. Firmó la carrera más ilustre de la Copa del Rey, tiene una Liga (algo inédito en este Madrid) y marcó uno de los goles más bellos de la historia de la Champions, en una final: la chilena que desafió a la volea de Zidane. Sin embargo, el astro galés reincide en su laguna. Bale no transmite y ya no cae bien. Porque tampoco le importa.

 A su llegada a Madrid, Bale vino con el pelo corto y dos detalles: se despedía del Bernabéu aplaudiendo a la grada tras el final de cada partido, y contrató a un profesor de castellano. Ahora el galés ha cambiado. Se refugia en su coleta, ya no se despide y reniega del castellano. Las lesiones, los títulos o su creciente amor por el golf le han desenchufado.

Orfeo Suárez escribió hace unas semanas que en el entorno de Bale opinan que su negativa para hablar nuestra lengua es una forma deliberada de aislarse. Y hasta sus compañeros de equipo ya bromean con ello. El galés ha abandonado el español en el curso que empezó con nuestros gestos. Ni el carisma de Modric ha logrado convencerle.

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Para los futbolistas británicos hablar castellano es un detalle. McManaman le cogió tanto cariño a nuestro idioma que aún lo saca a relucir, con su amable naturalidad. Jonathan Woodgate se ganó la fama de ser el inglés que mejor aprendió castellano, e incluso mantuvo a un profesor de español en su regreso a las islas. Beckham, que no lo dominó, paliaba su déficit con el exceso de glamour. Y siempre que podía mostraba sus avances con el español. Dio su rueda de prensa de despedida en castellano, en la que pidió perdón por no controlarlo a la perfección.

Mikel Alonso, el hermano de Xabi, comentó para Jot Down Magazine lo que aprendió de su experiencia en Inglaterra. "Al fútbol se juega como se es". Y Gareth Bale es un futbolista con más talento que actitud, con más goles que palabras. El galés pasará a la historia madridista como el británico que menos español habló, pero también como el más brillante.

Bale aún tiene tiempo para resolver su futuro. Cambiar de gesto: dejar las manos por volver a la lengua. El de Cardiff necesita recuperar el carisma para volver a triunfar. Y como dice Michael Robinson, no hay nada más carismático que un británico hablando castellano con acento

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