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Luis Aresti, el pionero español
en acrobacias aéreas

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Luis Aresti, el pionero español en acrobacias aéreas

En los años sesenta, los vuelos acrobáticos se habían abierto camino entre la afición española por lo que tenían de extraordinario y circense aquellas piruetas de los escogidos pilotos españoles, que además, y aunque fuesen pocos, se habían ganado una notable popularidad internacional gracias a su valor y a sus éxitos. Por ejemplo, el reportaje de Gonzalo de la Vega para las páginas de AS Color, en 1971, tenía dos notables atractivos para los aficionados.

De un lado, estaba Tomás Castaño de Meneses, que aún hoy tiene su avión EC-AXL en el Museo del Aire. Tomás (1930-1982, Castellón) fue campeón del mundo en el primer campeonato que se organizó en España, en 1964, y era uno de los pilotos con el nombre propio más reconocible. Por otra lado, aquella escuadrilla española que se entrenaba en la pista de Los Llanos, en Albacete, estaba pergeñada por un mito de la acrobacia mundial, no tanto por su calidad sobre un avión, sino por su aportación a diseñar los códigos del deporte de acrobacia mundial: Luis Aresti, un vasco nacido Vizcaya (1917-2003) que empezó los estudios de medicina para acabar en la aviación, empujado por los avatares de la Guerra Civil española. El caso es que alrededor de los aviones escribió su historia y dejó para la posteridad lo que se llamaría ‘El Código Aresti’, publicado en 1964 y que fue una especie de manual imprescindible para puntuar las acrobacias de los pilotos.

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Luis Aresti fue, además, un pionero en otras parcelas de la aviación española: impulsor de clubes de vuelo, monitor, piloto probador, organizador de eventos, seleccionador… Y en aquel momento también era presidente de la Federación Española de Deportes Aéreos.

En aquella pista albaceteña, un cuarteto español preparaba el entonces famoso Torneo León Biancotto, que iba por su cuarta edición, aunque sólo perviviría una más, ya que los franceses cancelarían el Memorial cuando ya se preparaba la sexta. Biancotto había sido un joven piloto galo que había perdido la vida en un accidente en 1960, y en Carcasona, la que había sido su ciudad natal, se le honraba con una especie de mundial oficioso, entre la flor y nata de la acrobacia internacional.

Además de Castaño, España iba a presentar un cuarteto que no tendría excesiva fortuna en aquella prueba, porque sólo Gil de Montes estuvo peleando hasta el último día, para concluir en quinta posición. Los otros dos pilotos españoles de la escuadrilla eran el entonces capitán Francisco José Gómez Carretero y Carlos Alós.

Dos militares y dos pilotos civiles. Los españoles se entrenaban y competían con aviones checos, los Zlin Trenes Master. Aquella marca había comenzado a producir su avión monoplaza en 1935, curiosamente de madera. La factoría siempre estuvo en Ostrokovice, aunque lógicamente fue evolucionando en los materiales de sus aviones y empezaron a venderse por el mundo tras la II Guerra Mundial.

Cuando en 1964 organizó los Campeonatos Mundiales, fue José Luis Aresti quien formó de la primera escuadrilla de acrobacia y quien trajo los primeros Zlin a España, ya que dotó al equipo de cuatro aviones Z326 que trajo de la fábrica checoslovaca y los llevó a la base de Los Llanos, donde se preparó el campeonato de Bilbao y donde triunfaría Castaño con su título mundial. Aquel Mundial, además, lo ganó por equipos la URSS y España se colgó la plata, empatada a puntos con Checoslovaquia, que era la proveedora oficial para la mayoría de los países.

A finales de los sesenta y principios de los setenta, los ejercicios de vuelo invertido era de lo más valorado por los aficionados y especialistas, y por la influencia del Club Sabadell, que presidía Carlos Alós, el padre precisamente del piloto de la escuadrilla española en Albacete, la prensa catalana estaba siempre muy interesada por las evoluciones de nuestros pilotos en la competición nacional e internacional.

En la actualidad, la acrobacia aérea no obtiene tantos espacios en la prensa escrita, aunque sus apariciones en televisión, por la espectacularidad de las imágenes, suele ser habitual. Incluso hay equipos profesionales, como el Red Bull, que en 2010 sufrió la trágica muerte del madrileño y campeón español Alex MacLean: su avión se estrelló cuando practicaba una barrena plana en Casarrubios del Monte, en la provincia de Toledo.

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