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Miguel Gallastegui, el pelotari que se hizo leyenda centenaria

PELOTA

Miguel Gallastegui, el pelotari que se hizo leyenda centenaria

El pelotari campeón del Manomanista, el principal torneo de la pelota vasca, en 1948, 1950 y 1951, cumplió 100 años.

Hay pocas leyendas del deporte centenarias. Una de ellas es desde el pasado 25 de febrero. El principal legado de Miguel Gallastegui es que trajo la modernidad al deporte con arraigo en Euskadi: gimnasia, troncos y frontón. Su físico era descomunal. Por algo ha llegado a soplar cien velas. Y por su optimismo y sonrisa contagiosos.

Don Miguel nació en el caserío Asoliartza, del valle de Mandiola, y pronto comenzó a destacar, por fortaleza, por sapiencia, por fuerza. Pese a su avanzada edad, Gallastegui sigue siendo un tiarrón de casi dos metros con enorme lucidez. Confiesa que sigue la actualidad de la pelota con interés. Y no se corta a la hora de criticar que la prensa hoy en día, multiplicada casi por cien con respecto a sus tiempos por la proliferación de medios digitales, radios y televisiones, es “muy blanda” con los pelotaris.

El primer título del zaguero eibartarra fue en 1948, y vino precedido de “uno de los mayores disgustos” de su carrera, en el campeonato anterior: “Perdí en Vitoria contra Felipe” (llamado José Aramendi). “Yo había jugado ya tres partidos mano a mano. Me sentí fracasado completamente. En 1948, sin decírselo a nadie, decidí participar y, sin ir a ninguna empresa, hablé con la Federación para jugar”. En esa edición, Gallastegui llegó a la final, donde venció a Atano III (22-6): “El dinero salió doble a mi favor, porque le había ganado ya tres partidos antes. Por eso mismo, ser campeón no me hizo tanto efecto. Luego Atano III y yo fuimos a comer juntos a Eibar”. Se anunciaba cambio generacional.

Trayectoria del pelotari

Nacimiento. 25 de febrero de 1918, Eibar.

Debut. 29 de junio de 1936, Eibar. Jugó contra el gernikarra Marino Basaguren, que ganó por 18-15. El sueldo por ese partido fueron 15 pesetas.

Retirada. El zaguero se retiró un mes antes de cumplir 42 años. El festival se disputó el 17 de enero en Bergara. En un principio, Miguel iba a jugar con Barberito contra los hermanos García Ariño. El riojano no pudo acudir a la cancha y se fijó un duelo especial. Los de Axpe se cruzaron con el trío Larrañaga-Zurdo de Mondragón-Gallastegi. La pareja ganó por 22-8 y el eibartarra tomó la decisión de dejar la pelota.

Trayectoria. Gallastegi disputó alrededor de 650 partidos en toda su carrera. Ganó tres txapelas del Manomanista (1948, 1950 y 1951).

Antes Miguel jugó junto a Atano III, uno de sus grandes amigos, uno de los partidos más recordados de su carrera. Fue en el Campeonato del Mundo de 1944. Bizkaia y Gipuzkoa participaban entonces en este torneo, y los pelotaris vizcaínos habían dominado las últimas ediciones. Ambos se enfrentaron a Onaindia y Kortabitarte. Hubo enorme expectación en Madrid. La victoria fue para los guipuzcoanos por 22-16.

En las finales de 1950 y de 1951, Gallastegui derrotó al vizcaíno José Luis Acarregui. También llegó a otras finales, pero renunció a jugarlas por desacuerdos con la empresa u otros motivos. Una de estas temporadas, Gallastegui aprovechó su ausencia del mano a mano para jugar contra los dos campeones de Francia de trinquete, Ladouche y Harrambillet, en Donibane Lohizune. En esa época, los pelotaris de Iparralde gozaban de un nivel similar o superior incluso a los de Euskadi. Fue al partido el lehendakari José Antonio Aguirre, y luego no corto ni perezoso se marchó a comer con él. Como había suspendido la final del mano a mano, dos empresarios dijeron que estaba allí por temas políticos, que no iba solo a jugar. Se jugó la cárcel. Como consecuencia a una nueva negativa a jugar la final, el eibartarra sufrió una sanción de seis meses lejos de las canchas. Pero las empresas perdían dinero sin el tirón de Gallastegui en las carteleras. Le hicieron una oferta que le hizo recapacitar.

Gallastegui no duda en señalar como el mejor pelotari de la historia a Juan Bautista Azcárate, Mondragonés: “Jugaba 90 partidos y Atano III, entre ocho y diez. Eso es una ventaja terrible. Pero Atano III fue el más listo en la cancha. Cada uno en su estilo fueron los dos mejores”, sostiene. En sus tiempos había más pelotaris que optaban a los títulos. Por entonces el debate era sobre el estilo de los pelotaris. Ahora todo es de aire, mientras antes se iba a bote. En la actualidad se gana por fuerza, la técnica no es lo prioritario. “El saque de un pelotari de antes no se podía restar en el cuadro cuatro; le rompía la mano. Ahora se entra de aire en el cuatro. El saque era libre. La pelota se golpeaba en la mitad del frontis. Al aire se jugaba muy poco. Yo, en todo el partido, una vez o así. Era otro estilo. A jugar de aire se ha aprendido ahora. A mí no me gusta”.

En la época del zaguero en activo llegó a jugar partidos ‘a zurdas’, en los que los pelotaris solo podían usar su mano izquierda. El campeón, además, echa de menos los partidos entre un pelotari contra una pareja, o entre una pareja contra un trío. Gallastegui, zaguero, recuerda que en ocasiones tuvo que jugar contra tríos con un delantero de segunda. A lo largo de su carrera, se enfrentó en solitario a parejas en 54 ocasiones, con un saldo de 41 victorias y 13 derrotas. Unos partidos de los que ya no se ven.

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Aplica una sonrisa a casi todos sus comentarios y su vida centenaria le ha dado para ser soldado durante casi cinco años y vivir la Guerra Civil. El Ejército se levantó contra la Segunda República el 17 de julio. Don Miguel anduvo con el batallón Amuategi y luego tuvo que servir en Aguilar de Campoo. “Nos tocaba ir por Peñas Blancas y Picos de Europa hasta Gijón”, analiza. Después, cayó enfermo de sarampión, así que estuvo ingresado en el hospital de Mondariz. “Allí había una monja de Tolosa, con la que empecé a hablar en euskera. Ella me preguntó qué quería hacer y le dije que ir a Gasteiz, porque estaba cerca de casa”, desvela. El director del centro médico le llamó. Su mujer era de Elgoibar y le conocía. “Me dijo que no podía jugar mientras estaba internado”, recuerda. Le mandaron cinco meses a casa. El campo forjó sus manos. Todos los días cortaba troncos durante veinte minutos para fortalecerlas. Ayudaba mucho a su ama, Ceferina, porque su aita, Pablo, estaba enfermo. Sin cumplir veinte años, Gallastegi pesaba 100 kilos. A partir de ahí empezaron a llegar las txapelas. Gloria al mito centenario.

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