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La lucha por subir al cuadrilátero

Historia del Boxeo Femenino (III)

La lucha por subir al cuadrilátero

La llegada del siglo XX llevó consigo un cambio en la sociedad. Un artículo en la columna de belleza del 'New York Evening World' de 1905 afirmaba: “Es bueno para una niña aprender a boxear”. Por desgracia, no fue lo único que el nuevo siglo nos deparaba, ya que en 1914 estallaba la Primera Guerra Mundial. Como consecuencia directa, la mujer se incorpora al mundo laboral. Esa emancipación hace que las féminas vuelvan a la vida pública, se corten el cabello y el largo de las faldas, y lleguen a realizar actividades propias de los hombres, como beber, fumar o conducir, desafiando las costumbres socialmente aceptadas.

Los nuevos conceptos de salud y belleza, ponen en auge los deportes. El boxeo, que en un principio solo era practicado por mujeres con un estatus social bajo, sin nada que perder, comienza a hacerse muy popular entre las estadounidenses de clase alta. Mientras, en el Reino Unido y a pesar de la ley que impide competir a las británicas, el boxeo sigue vigente y en 1920, Anderew Newton (campeón británico de peso ligero) crea el Women Boxing Club de Londres. Un combate entre su entusiasta sobrina Anna Newton y Madge Baker, anunciado en la prensa, creó un gran revuelo y la pelea fue detenida por el Ministerio del Interior antes de que se llevase a cabo.

Jeanne LaMarr “La Condesa” acapara los carteles de principios de siglo, primero en Europa y posteriormente en Estados Unidos. Ella encarna el prototipo de mujer moderna y probablemente fuera más actriz que pugilista, ya que los combates de las décadas 20 y 30 a menudo formaban parte de la industria del entretenimiento. Sin embargo, ayudaban a dar visibilidad a las féminas en dicho deporte.

Bien entrados los años 40, una joven Barbara Buttrick, se topó por casualidad con un artículo sobre Polly Burns, quién fuera campeona Mundial de boxeo en 1900. Barbara decidió dedicarse al boxeo a raíz de eso, algo nada fácil por aquel entonces en East Yorkshire (Reino Unido) si eras una mujer, por lo decidió trasladarse a Estados Unidos. Su carrera empezó en 1948, al aceptar un combate de exhibición contra un hombre. Aunque la pelea fue cancelada, se enfrentó un año después con Bert Saunder, reconocido boxeador del momento. Buttrick ‘EL átomo poderoso del ring’ combatió por toda Europa y posteriormente también en Canadá y Chicago, perdiendo un solo combate de 32. Además, fue la primera mujer en tener un combate retrasmitido en radio en 1957, la primera en ganar un campeonato reconocido y la fundadora de la Federación de Boxeo Femenino WIBF. Pese a todo ello, tuvo que enfrentarse a duras críticas y  descalificaciones públicas, pero eso, lejos de desalentarla, la animó a demostrar lo mucho de lo que era capaz. Barbara se defendió de las críticas que pesaban sobre ella declarando: "La idea de que la mujer no debe boxear es anticuada. Las chicas ya no son florecillas delicadas como solían ser".

Joann Hagen fue la única que consiguió derrotar a Barbara en 1957, y a su vez Phyllis Krugler la derrotó a ella. Phyllis era hija de un boxeador, todos sus hermanos boxeaban. Para ella era algo que surgía de forma natural y nunca se planteó que no pudiera hacerlo por el simple hecho de ser mujer. Aun así, supuso una sorpresa no muy agradable para su madre. Su entrenador insistió en que mantuviera una imagen femenina fuera del ring, para que la sociedad la aceptara con más facilidad. Y en parte, lo consiguió. Finalmente, se retiró del boxeo con 55 victorias y solo una derrota.

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Para todas ellas, la mayor parte de la lucha era que las dejarán subir al cuadrilátero, lucha que perduraría aún durante mucho tiempo. Entre 1975 y 1978 comenzaron a solicitarse licencias de boxeo en Estados Unidos. Lady Tyger Trimiar fue la primera mujer en hacerlo, en el estado de Nueva York y una de las primeras en conseguirla junto a Cathy "Cat" Davis y Jackie Tonawanda. El juicio fue de gran relevancia ya que centró la atención de los medios de comunicación en el boxeo femenino. Y no terminó ahí. En 1992, Gail Grandchamp protagonizo un juicio de ocho años contra el estado de Massachusetts para poder pelear como amateur. Sin embargo, y a pesar de haber ganado el juicio, nunca pudo combatir al haber cumplido ya los 36 años, la edad máxima permitida. Siguiendo su ejemplo, Dallas Malloy interpuso otra denuncia en 1993, con sólo 16 años, con la que conseguiría que la asociación USA Boxing, que regulaba el boxeo amateur, aceptara regular también el boxeo femenino, hasta ese momento en tierra de nadie.

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La polémica y luchadora Lady Tyger volvería a captar la atención de los medios en 1987, cuando realizó una huelga de hambre, demandando mejores condiciones salariales para las boxeadoras profesionales y abogando por la igualdad entre hombres y mujeres. Y si había algún señalado en esa huelga era Don King, promotor de muchas de las luchadoras. En 2014, durante la primera convención de boxeo femenino en Playa del Carmen (México), Don King declaraba: “Debemos dar igualdad a la mujer en el boxeo, ellas deben obtener el mismo rango” (dicha brecha salarial aún sigue vigente en el boxeo actual).

Se podría decir que el boxeo femenino logró su ansiado reconocimiento el 15 de marzo de 1996, cuando Christy Martin y Deidre Gogarty pelearon de fondo en un evento. El combate fue tan brutal y sangriento que llegó a eclipsar la pelea principal entre Mike Tyson y Frank Bruno. Ese mismo año, se derogó la ley impuesta en 1880 por la Asociación Amateur de Boxeo de Inglaterra que prohibió competir a las británicas durante 116 años. Sólo un año después surgía el IFBA (Internacional Female Boxers association) promoviendo combates por todo el mundo. 

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