
Reyes y medallas. Sangre azul en la villa olímpica. Su relación es intensa y primigenia. Cuando el Barón Pierre de Courbertin puso en marcha la primera edición de los Juegos Modernos en Atenas contó con la colaboración de los hijos del rey Jorge I de Grecia. La realeza, ya en los cimientos de los Juegos.
Y a lo largo de su historia, se han construido con muchos oros, platas y bronces que han llevado como apellido el nombre de un rey. De Oriente a Occidente. En Francia, Inglaterra y España. En Arabia, en Grecia y en Mónaco.
Desde la última medallista real Zara Phillips, al primero, el conde Suizo Herman de Pourtalès, han pasado ciento doce años y decenas de nombres que de cuatro años en cuatro años engrosan la lista de reyes y reinas, príncipes y princesas olímpicas.
Herman de Pourtalès. Él fue el primer conde en saber qué se siente mirando el mundo desde uno de los escalones de un podio olímpico. Era 1900. Se disputaban los Juegos II de la Olimpiada.
Y Herman ganó la plata en París. Doce años después, Federico Carlos de Prusia, hijo del Príncipe Federico Leopoldo de Prusia y de la Princesa Luisa Sofía de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg, ganó el bronce en salto ecuestre en los Juegos de Estocolmo. El primer campeón olímpico real fue el príncipe Olav V, que, antes de reinar durante treinta y cuatro años en Noruega, par ticipó en vela en Amsterdam, en 1929, y ganó el oro. Un campeón olímpico con corona. El segundo rey en alzarse con el oro olímpico en unos Juegos fue el rey Constantino II de Grecia, que ganó con el equipo nacional de vela, con su barco Nirefs, en la modalidad de Dragon, en los Juegos de Roma-Nápoles, en 1960.
CONSTANTIN0 DE GRECIA
El hermano de la reina Sofía fue campeón olímpico en el equipo de vela de Grecia en Roma-Nápoles 1960. Su hermana era suplente en el mismo equipo, pero no participó porque se cayó en los entrenamientos.
Un equipo del que era reserva la reina Sofía. Pero se cayó durante unos entrenamientos y no llegó a participar en los Juegos. La familia real española es de genética olímpica: cinco de sus miembros han participado en alguna edición de unos Juegos. El rey Juan Carlos participó en vela en Kiel, en 1972; la infanta Cristina, en Seúl, en 1988, también en vela; el príncipe Felipe, fue sexto en vela en Barcelona 1992; e Iñaki Urdangarín participó en Barcelona, Atlanta y Sydney, con medallas en los dos últimos. “Sólo pensar que hace veinte años estuve yo en esa posición me hace sentir un poco mayor, pero a la vez me trae buenos recuerdos. Y son imborrables.
Sobre todo, ser abanderado olímpico y serlo en tu tierra, en Barcelona 92. Ese momento fue algo muy especial”, veinte años después, el príncipe Felipe se emocionaba al recordar aquella noche del 25 de julio de 1992. Pisaba el suelo del estadio olímpico de Montjuïc. Comenzaban los Juegos de Barcelona y la bandera de España ondeaba en el cielo de Barcelona de manos del príncipe Felipe mientras su hermana Elena lloraba emocionada en el palco. El testigo, además, se lo había dado su otra hermana, Cristina: abanderada española en Seúl.
Zara Philips ADRIAN DENNIS (AFP)
En 2012, la realeza británica también vivió un momento que no borrarán los años. Zara Phillips, nieta de la reina de Inglaterra Isabel II, ganó la plata en Londres 2012. Lo intentó ya en Atenas y Pekín, pero una lesión de su caballo Toytwon la alejó las dos veces de su sueño olímpico. Un sueño que también le viene de cuna. El nombre de su madre Ana de Inglaterra aparecía hace cuarenta años en las páginas de AS. Competía en los Juegos de Montreal, en 1976. Pero la vinculación de Zara con los Juegos va más allá. En los Juegos Olímpicos de México 1968, Ana había conocido al capitán Mark Phillips, suplente en el equipo británico. Se casaron el 14 de noviembre de 1973 en la Abadía de Westminster. Mark compitió en Múnich. Fue oro en la prueba de hípica de resistencia.
ZARA PHILLIPS
Nieta de Isabel II, reina de Inglaterra e hija de Ana de Inglaterra y Mark Phillips. Ganó la plata en hípica en Londres. Su madre participó en Montreal, en 1976, y su padre fue medallista en Múnich.
Amor real y Juegos.
Carlos Gustavo y Silvia, reyes de Suecia, en Múnich. Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock, en Sydney. Mar y Elizabeth Donaldson y el príncipe Federico de Dinamar-ca, también en Sydney. Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarín en Atlanta. Decenas de herederos y monarcas han escrito en letra olímpica la historia de sus amores.
En Múnich, Silvia era traductora y acompañante de las personalidades invitadas a Alemania. En cuanto la vio, Carlos Gustavo se quedó prendado: “Me dejó impactado”. Se casaron en 1976. Alberto de Mónaco fue un fijo de los Juegos de Invierno. Compitió en bobsled en Calgary (1988), Albertville (1992), Lillehammer (1994), Nagano (1998) y Salt Lake City (2002). En Sydney, el rey de Mónaco asistía como miembro de Comité Olímpico Internacional (COI). Charlene formó parte del equipo de relevos de 4x100 m estilos de Sudáfrica.
Fue quinta. La oficialización de su romance también fue olímpico: lo anunciaron durante los Juegos de Turín. Un fervor olímpico que también lleva en la sangre: su abuelo, el padre de Grace Kelly, Jack Kelly, fue medallista en Amberes.
Y es que la devoción olímpica real no sabe de fronteras. Emociona, atrapa y empuja en todo el mundo. La princesa Haya de Jordania fue la abanderada de su país en Sydney y compitió en equitación. En Pekín, y en hípica también, compitieron los príncipes saudíes Fasial Al Shalan y Abdulá Al Saud. El príncipe qatarí Nasser Al-Attiyah ganó la medalla de bronce en tiro en Londres, a los 41 años y después de un Rally Dakar.
CHARLENE WITTSTOCK
Conoció a Alberto II de Mónaco en Sidney 2000, cuando participaba en el equipo de relevos de Sudáfrica 4x100m estillos. Fue quinta. Alberto de Mónaco participó en cinco Juegos de Invierno y es miembro del Comité Olímpico Internacional. Anunciaron su noviazgo en los Juegos de Turín.