Antes y después del Levante-Zaragoza

Ayer pasaron por la sede de la Fiscalía Anticorrupción, en la calle Manuel Silvela, de Madrid, un buen puñado de futbolistas (algún ex) y un ex presidente, Agapito Iglesias, que lo fue del Zaragoza. Está en investigación la posibilidad de que jugadores del Zaragoza, alentados por su presidente, que habría puesto el dinero, sobornaran directamente a sus colegas del Levante para que se dejaran ganar un partido. El partido lo ganó, en efecto, el Zaragoza, que salvó la permanencia gracias a ello. Los movimientos de dinero Agapito-jugadores propios -jugadores rivales son indicios demoledores.

No aconsejo cuestionar el fútbol más de la cuenta por este caso. El fútbol es creíble en un muy alto porcentaje, esa es mi experiencia. En tan alto porcentaje que podemos darlo por bueno. Pero en las dos o tres últimas jornadas y en los espacios-frontera entre categorías (Primera a Segunda, Segunda a Segunda B...) se han concentrado malos hábitos desde tiempo inmemorial. Maniobras bajo cuerda, conocidas sólo con el paso de los años, desgraciadamente toleradas por el cuerpo común como algo inevitable, consustancial al fútbol, actividad tributaria, al fin, de la naturaleza humana.

Lo bueno que tiene este caso del Levante-Zaragoza es que hay una coincidencia de medios (informáticos) y voluntad (lo principal) para reventar esta práctica. Se nos abre un futuro nuevo en el que, además, estas cosas se convierten en delito penal. Para este caso aún no lo son, pero tal como va encarado el asunto cabe presumir que produzca una cascada de inhabilitaciones que, aun desde el principio de odiar el delito y compadecer al delincuente, son de desear. Yo aventuro que esta investigación sea un hachazo en la historia de nuestro fútbol. Que habrá un antes y un después de este Levante-Zaragoza.