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Un estudio revela dos problemas que se reactivan con la COVID persistente

Afectan a tres de cada diez personas contagiadas, y según nuevas investigaciones, estaría relacionado con los virus del herpes y con niveles bajos de la hormona del estrés.

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DHAKA, BANGLADESH - AUGUST 25: School children vaccinated Covid-19 vaccine in a school in Dhaka, Bangladesh on August 25, 2022.
The Covid-19 vaccination for children aged 5-11 began in Dhaka, and about 25 million children will be brought under vaccination. (Photo by Stringer/Anadolu Agency via Getty Images)
Anadolu AgencyGetty

La revista Nature acaba de publicar una nueva investigación que intenta aclarar enfermedades causantes o derivadas de la COVID persistente, que afecta a una de cada tres personas infectadas.

La inmunobióloga Akiko Iwasaki de la Facultad de Medicina de Yale en New Haven, Connecticut, vinculó el síndrome con los virus del herpes, además de con niveles más bajos de una hormona del estrés.

Síntomas de la COVID persistente

El grupo de estudio dividió a los pacientes. El grupo que tuvo síntomas de COVID prolongado, encontraron que los niveles de cortisol, los niveles de azúcar en la sangre y los ciclos de sueño, eran hasta un 50% más bajos que en los participantes sanos. Uno de las razones por las que podría afectar a más personas con estas características.

Además, el virus Epstein-Barr, que puede causar la mononucleosis, y el virus de la varicela-zoster, que causa varicela y herpes zóster, podrían haberse “reactivado” recientemente.

Ambos virus resisten indefinidamente en el cuerpo tras una infección y pueden comenzar a multiplicarse nuevamente después de un período de inactividad, especialmente también cuando las defensas están bajas.

Microcoágulos en sangre

Otra investigación demostró, aunque falta una comprobación más amplia, que los coágulos persistentes, y de tamaña diminuto, podrían estar restringiendo el flujo de sangre a los órganos vitales, lo que derivaría en los síntomas tan extraños que experimentan algunas personas tras infectarse.

No está del todo claro de dónde provienen esos microcoágulos, pero los científicos creen que la causa principal podría ser la proteína espiga del SARS-CoV-2, lo que haría que tanto la niebla mental, los cambios en la menstruación, el sueño alterado, la el cansancio, el ahogamiento incluso al andar o intentar hacer ejercicio físico, incluso los dolores de cabeza constantes, sean una de las causas principales de la COVID prolongada.

Cuando se trata de COVID prolongado, “ahora tenemos poca evidencia dispersa”, afirma Danny Altmann, inmunólogo del Imperial College London. “Todos nos estamos precipitando para tratar de ponerlo todo junto en algún tipo de consenso. Estamos tan lejos de eso. Es muy insatisfactorio”, afirma.

“La coagulación de la sangre es un proceso complejo, pero uno de los jugadores clave es una proteína soluble en forma de cigarro llamada fibrinógeno, que fluye libremente en el torrente sanguíneo. Cuando ocurre una lesión, las células liberan la enzima trombina, que convierte el fibrinógeno en una proteína insoluble llamada fibrina. Hebras de asa de fibrina, entrecruzadas, crean una red que ayuda a formar un coágulo y detener el sangrado”, detallan.

Bajo un microscopio, esta red generalmente se parece a “un buen plato de espagueti”, dice Douglas Kell, biólogo de sistemas de la Universidad de Liverpool, Reino Unido. Pero los coágulos que el equipo ha identificado en muchas afecciones inflamatorias se ven diferentes. Son “horribles, sucios, oscuros”, dice Kell, “como los que podrías obtener si hierves los espaguetis a la mitad y dejas que se peguen”.

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