Oriente Medio teme por su agua: la guerra puede desencadenar una crisis hídrica sin precedentes
Instalaciones clave como presas, redes de suministro y plantas de tratamiento se han convertido en objetivos dentro de los conflictos modernos.


En las guerras del siglo XXI es cada vez más frecuente que se ataquen infraestructuras consideradas esenciales para la población civil, como presas, sistemas de abastecimiento y plantas de tratamiento.
Entre las más sensibles se encuentran las instalaciones que garantizan el suministro de agua potable. El control del suministro hídrico permite ejercer presión sobre poblaciones, paralizar economías y provocar crisis humanitarias. La reciente escalada militar en Oriente Medio ha puesto de relieve una preocupación creciente: las infraestructuras hídricas están entrando en la lista de objetivos militares.
El 8 de marzo, Baréin avisó de que un dron iraní había atacado una planta desalinizadora en la zona de Muharraq, causando daños materiales y varios heridos. Aunque la instalación no quedó completamente destruida, el ataque dejó al descubierto la gran vulnerabilidad de este tipo de infraestructuras.
Las autoridades del país advirtieron de que se trataba de un ataque directo contra una infraestructura civil crítica, especialmente grave porque gran parte del agua potable del país proviene de la desalación del agua del mar.
Por su parte, Abbas Araqchi, ministro de Exteriores iraní, afirmó que un ataque estadounidense había afectado a una instalación de agua en la isla de Qeshm, situada en el estrecho de Ormuz, lo que dejó sin suministro a unas treinta poblaciones.
Dinámica muy peligrosa
Esta nueva dinámica entre potencias podría resultar muy peligrosa para la población civil. La destrucción de infraestructuras clave puede tener consecuencias catastróficas, ya que la pérdida de una sola planta podría desencadenar una crisis nacional en pocos días.
Actualmente existen más de 16.000 plantas desalinizadoras en todo el mundo, que producen aproximadamente 95 millones de metros cúbicos de agua potable al día. En los países del Golfo, estas instalaciones proporcionan entre el 50% y el 99% del agua potable, lo que significa que en muchos casos sostienen la vida de ciudades enteras.
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Su destrucción podría provocar graves crisis humanitarias y la paralización de economías nacionales.
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