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¿Qué es la cultura de la violación y cuál es el origen del concepto?

Es un término acuñado en los años 70 y se refiere a la manera en la que las sociedades han normalizado las agresiones sexuales y culpabilizado a las víctimas por ellas.

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Varias mujeres durante una manifestación contra las violencias machistas en el distrito de Vallecas, a 25 de noviembre de 2022, en Madrid (España). La protesta ha sido convocada por la Comisión 8M Vallecas bajo el lema ‘Frente a la cultura de la violencia, los feminismos son nuestra respuesta’. Esta es una de las manifestaciones convocadas hoy en España para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer declarado por la Asamblea General de Naciones Unidas para sensibilizar a los ciudadanos respecto al problema. El día 25 fue elegido en 1999 por la ONU para rememorar el asesinato en República Dominicana en 1960 de las hermanas Mirabal, activistas políticas que se opusieron a la dictadura del entonces dictador de ese país Rafael Leónidas Trujillo.
25 NOVIEMBRE 2022
Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
25/11/2022
Alejandro Martínez Vélez Europa Press

Tras la última sesión de control del Gobierno en el Congreso de los Diputados, hay un concepto que está en boca de todos: “cultura de la violación”. No es una terminología que se acabe de acuñar, sino que tiene medio siglo de historia. Para comprenderlo, nos debemos trasladar al Nueva York de los años 70, donde los grupos de feministas comenzaron a tomar conciencia de la violencia que se venía ejerciendo contra las mujeres a lo largo de la Historia.

El primer registro del término “cultura de la violación” data de 1974, en el libro: Rape. The first Sourcebook for Women (Violación: El Primer Libro de Consulta para la Mujer), del grupo Feministas Radicales de Nueva York. Este es una denuncia de la glorificación de la violencia sexual contra las mujeres y del refuerzo del estigma contra las mismas. Es decir, cómo las sociedades han culpabilizado de este tipo de agresiones a las víctimas y han normalizado las agresiones sexuales.

Al igual que estas, fueron varias las literatas que se sumaron a hablar de este tipo de problemáticas estructurales. Es el caso de Susan Brownmiller, Susan Griffin o Kate Millet, que entienden la violación como una forma de poder político, control y opresión sobre las mujeres. Millet, por ejemplo, defendió el “dominio sexual” como la “ideología más profundamente arraigada en nuestra cultura, por cristalizar en ella el concepto más elemental de poder”.

“El dominio sexual es tal vez la ideología más profundamente arraigada en nuestra cultura, por cristalizar en ella el concepto más elemental de poder”

Kate Millet

A partir de entonces, las asociaciones feministas comenzaron a organizarse en grupos en los que fomentaban el apoyo mutuo y la toma de conciencia de una problemática que va más allá de los actos de violencia en sí, de acuerdo a la filósofa Raquel Mirallés. Estos grupos estaban compuestos únicamente por mujeres de determinada posición social. Pero, con el tiempo, se ha adoptado una manera de entenderlo más transversal.

Concepto actual, con un enfoque interseccional

A día de hoy, es una cuestión que también aborda la ONU Mujeres, que apunta que es “omnipresente”, puesto que está " grabada en nuestra forma de pensar, de hablar y de movernos por el mundo”. Y, si bien es cierto que los “contextos pueden diferir”, la cultura de la violación “siempre está arraigada en un conjunto de creencias, poder y control patriarcales”, recoge la organización mundial.

Para combatirla, “el primer paso” es ponerle nombre. Pero, además, desde Naciones Unidas proponen una lista de maneras que contribuyen a acabar con estas diferencias estructurales de las sociedades. Estas pasan por crear una cultura del esfuerzo consentido (en la que sólo sí sea sí) dejar de culpar a las víctimas, mostrar tolerancia cero contra cualquier tipo de agresión, acabar con la impunidad o pasar a ser un testigo activo.

Otras de estas sugerencias buscan un análisis más profundo de cómo nos condiciona a la hora de actuar ante casos de abuso. Por ejemplo, redefinir el concepto que se ha asumido socialmente de la masculinidad. En este sentido, la ONU Mujeres propone pensar “de manera crítica qué significa la masculinidad para ti y cómo la representas”.

También apuesta por adoptar un enfoque interseccional a la hora de afrontar esta problemática, dado que “afecta a toda la población, independientemente de la identidad de género, la sexualidad, el nivel económico, la raza, la religión o la edad”. Por lo tanto, “erradicarla significa desterrar definiciones restrictivas del género y de la sexualidad que limitan el derecho de una persona a definirse y a expresarse”, concluye la organización.

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