Ciencia

Científicos se adentran en una cueva y descubren que el Sáhara de hace miles de años era radicalmente diferente

Un estudio geológico en Marruecos revela que el mayor desierto del mundo fue una vez un oasis verde y lluvioso que permitió prosperar a las antiguas civilizaciones.

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El Sáhara no siempre fue sinónimo de arena, sequía y calor extremo. Aunque hoy es el mayor desierto cálido del planeta, el subsuelo africano acaba de confirmar lo que la ciencia sospechaba desde hace décadas. Un equipo de investigadores ha encontrado pruebas irrefutables en las cuevas del sur de Marruecos que demuestran que, hace milenios, esta inmensa región africana era un vergel regado por constantes lluvias.

Científicos se adentran en una cueva y descubren que el Sáhara de hace miles de años era radicalmente diferente
Desierto del Sáhara.wikimedia commons

Milenios de continuas lluvias en el Sáhara

Este descubrimiento, publicado en la revista Earth and Planetary Science Letters, se basa en el estudio de las estalagmitas, formaciones rocosas que crecen milímetro a milímetro desde el suelo de la cueva a partir del goteo constante del agua de lluvia filtrada por el techo. Estas “estructuras” naturales han almacenado durante milenios la memoria química del clima prehistórico, lo que ha permitido a los científicos recuperar toda esta información.

Para ello, extrajeron pequeños fragmentos de estas rocas al sur de la cordillera del Atlas. Con el fin de saber exactamente cuándo llovió, midieron los isótopos de uranio y torio. El resultado dejó a los investigadores asombrados al demostrar que estas rocas no pararon de crecer entre hace 8.700 y 4.300 años, confirmando una etapa de precipitaciones intensas y regulares.

Lo más fascinante de este trabajo es el mínimo impacto que ha tenido sobre el entorno natural. Tal y como explica el investigador Sam Hollowood, al equipo le fue suficiente con tomar muestras casi imperceptibles de roca, en ocasiones de tan solo 0,25 gramos. Estas minúsculas muestras de roca han bastado para reconstruir todo un ecosistema perdido, demostrando que la ciencia no siempre requiere de métodos invasivos para lograr grandes hallazgos.

Un paraíso verde que disparó la población del Neolítico

El impacto de estas lluvias torrenciales fue inmediato para las comunidades de la época. Los datos extraídos de la cueva coinciden de lleno con la arqueología, que muestra un aumento espectacular de poblados neolíticos al sur del Atlas durante esos mismos milenios. Al vivir volcados en la ganadería, el acceso al agua y a la vegetación fresca lo era todo. El antiguo Sáhara les ofreció un amplio territorio para pastar y expandirse por lugares que ahora son completamente áridos.

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Para la investigadora Julia Barrott, lo más satisfactorio de este estudio ha sido confirmar cómo el clima marcó el destino de aquellas personas. Para entender de dónde salía tanta agua, el equipo analizó el rastro químico que la lluvia deja en las rocas, una marca que permite saber exactamente dónde se formó cada tormenta. Así descubrieron que el Sáhara se regaba gracias a las “plumas tropicales”, unas nubes gigantes que cruzan el cielo como si fueran ríos voladores y traen la humedad desde el trópico hasta el desierto. Es la primera vez que se demuestra que estas nubes viajaron tan lejos, llegando a esta zona, revelando que el clima tiene fuerza suficiente como para convertir un desierto en un paraíso.

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