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Adictos al Whatsapp

Es el rey de la mensajería -al menos hasta que Line, si todo se desarrolla como parece, le desbanque-, el canal del comunicación 2.0 pero también un rompeparejas y un chivato que crea adicción. ¿Cómo usas Whatsapp?

Prado Campos

Es una de las apps más importantes del mundo. Ha desbancado a los SMS y casi a las llamadas. Decir Whatsapp es como decir el rey de la mensajería instantánea. Nadie -ni Apple con su iMessage, ni Samsung con el ChatOn ni otras apps como Kik o GroupMe- ha podido competir con Whatsapp. Hasta ahora... porque parece que la app chat nipona Line amenaza su hegemonía. Ya cuenta con 75 millones de usuarios activos en todo el mundo y permite chatear con los contactos al igual que el Whataspp y hacer llamadas VoIP, tipo Skype. Pero hasta que Line se consolide en España -y en español- nadie puede dudar de quién es el gigante de la comunicación instantánea en nuestros smartphones: 10 millones de usuarios en España y 1.300 millones en el mundo, con 11.500 mensajes al segundo.

Horas delante del chat 'guasapeando' pero también espiando los movimientos de los amigos, la pareja, el amor platónico o el imposible. Muchos han tildado a Whatsapp como un rompeparejas porque, a pesar de reforzar, dicen los expertos, las relaciones en un principio después se puede convertir en un arma de doble filo, esto es, de control y vouyerismo. ¿Cuándo se conectó por última vez? ¿Con quién habló hasta altas horas de la madrugada? Esta es solo uno de las múltiples usos del Whatsapp que crean -además de celos patológicos- adicción.

¿Y cómo sabemos si somos adictos (lo de los celos o la posesividad cada uno sabrá) al Whatsapp? El catedrático de Psicología de la Universidad del País Vasco, Enrique Echeburúa, señala que el adicto es aquel que es capaz de escribir 40 mensajes entre las diez de la noche y las dos de la mañana, una anomalía, matiza, que altera al ritmo diario de vida.

Otro indicio de adicción es si no puedes estar en con otras personas sin dejar consultar el Whataspp y de contestar los mensajes de forma inmediata sea cual sea el escenario de estos. También obsesionarse mirando el doble check -recordamos: no es que hayan leído el mensaje es que se ha entregado- o padecer el síndrome de las vibraciones fantasmas. Y más: pérdida de control, interferencia en la vida cotidiana y dependencia constante. Esa es la línea, apuntan, que va del usuario al enfermo.

¿Y cómo nos curamos?

Muchos nos vemos reflejados en alguno de estos aspectos... pero ¿cómo relajar esta dependencia y hacer un uso correcto del Whatsapp? Echeburúa da dos claves. La primera, ponte límites horarios de uso. Y si es imposible, cortar radical: abstinencia de uno o dos meses para volver, después, a aprender a usarlo de forma racional, esto es, sin que su uso o ausencia altere nuestro estado de ánimo ni las relaciones con terceros.

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