Salud

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LIVE&LIFE / SUEÑO

¡Viva la siesta!

El deporte nacional. Uno de los "inventos" españoles más exportados y exitosos. Y para muchos, casi una religión. Dormir la siesta puede ser una de las tradiciones culturales más arraigada en nuestra cultura... pero encima es beneficiosa para la salud. Eso sí, no más de 20 minutos sino queremos perder el resto del día.

Prado Campos

Camilo José Cela definía la siesta como "el yoga español". Como él, personajes tan famosos como Leonardo da Vinci, Salvador Dalí, Einstein, Napoleón o hasta Newton se han dejado seducir por un deporte tan español como es la siesta. Pero es que quién no se resiste a sucumbir a echar una cabezada tras comer.

La siesta triunfa en nuestro país y también en el resto del mundo. Muchas empresas de Japón, Alemania, Suiza o Estados Unidos tienen 'nap lounges', es decir salas de siesta, para que sus empleados descansen tras el almuerzo, e inclusos algunos sindicatos la han reclamado como un derecho laboral de los trabajadores. Y no. No es por pereza. Echarse la siesta alarga la vida y tiene muchos beneficios para la salud y el rendimiento laboral, dicen los expertos. De hecho, estudios japoneses han concluido que aumenta hasta un 30% en la productividad.

Pero ¿además del puro placer, que ventajas tiene la siesta? Lo primero y fundamental para que la siesta se convierta en ese reparador natural y no en lo contrario es el tiempo. No debe superar los 20 minutos y a ser posible hacerla en la cama y tras una comida ligera. Este tiempo es suficiente para disminuir el estrés, hacer mejor la digestión -esa es la clave del sopor que nos entra tras comer-, relajar los músculos y reponer los neurotransmisores cerebrales gastados por la mañana, es decir, alivia la fatiga mental y física y nos carga las pilas. ¿El resultado? Nos levantamos de mejor humor, más activos y rendimos más. ¡Ah!

Pero no es oro todo lo que reluce y la siesta puede ser un arma de doble filo. Una vez más, el problema es el tiempo. Si alargamos la siesta a 30 minutos, una hora o más corremos el riesgo de caer en un sueño profundo lo que provoca mal humor al despertarse y alteraciones del sueño que, en los casos más leves, nos dificultará conciliar el sueño por la noche y, en los más severos, hasta podrá cambiar nuestros ritmos vitales.

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