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Unos destrozados y otros tan campantes: ¿por qué las rupturas nos afectan de forma diferente?

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Unos destrozados y otros tan campantes: ¿por qué las rupturas nos afectan de forma diferente?

Jennifer López junto a su expareja Casper Smart

Hay quien se tira meses llorando por las esquinas y quien rehace su vida en menos de lo que canta un gallo. ¿De qué depende?

Quédate con este dato: cada cinco minutos, en nuestro país se rompe un matrimonio. Lo dice el estudio Nupcialidad y ruptura en España 2015, realizado por el Instituto de Política Familiar. El informe habla de 290 relaciones que, a diario, llegan a su fin, lo que significa que cada uno de los siete días de la semana, 580 personas acaban afectadas sentimental y psicológicamente por las consecuencias de semejante decisión. Y aquí solo se habla de las parejas casadas. Teniendo en cuenta que también rompen convivencias de hecho y noviazgos sin contabilizar, las estadísticas confirman que, día sí y día también, una nada despreciable cifra de hombres y mujeres se levantan con el corazón partío.

Claro que ni todos dramatizan, ni todos se lo toman a la ligera. “Hay gente que tiene recursos para sanar rápidamente una herida profunda, y otros no hacen más que meter el dedo en la llaga de una herida más superficial, y tan solo agravan y retardan su sufrimiento y recuperación”, cuenta Mila Cahue, doctora en Psicología, experta en temas de pareja y autora de los libros Amor del bueno (JdeJ Editores) y El cerebro feliz (Paidós Divulgación). Para despejar la incógnita de por qué unos son capaces de pasar página rápidamente y otros no levantan cabeza en años, hay que tener en cuenta cuatro claves.

1. El grado de implicación emocional

Dado que afectar, siempre afecta (“el que decide romper la relación probablemente ya ha llevado un periodo previo de asumir la ruptura”, dice la psicóloga Cahue), el hecho de ser el dejador o el dejado tampoco es excesivamente relevante. Lo que realmente va a marcar la diferencia en tu reacción va a ser lo profundamente enamorado o no que estés, el nivel de compromiso y la calidad real del vínculo. “Por un lado está el saber qué tipo de sentimientos son los que se tienen cuando se produce la ruptura. Porque si todavía se está muy comprometido en la relación, la ruptura es más dolorosa. Pero en muchos casos, si hay un desgaste previo, por ejemplo, ese momento final puede ser más bien una liberación o algo positivo”, explica la experta.

"Aunque las rupturas duelan, si sabemos llevarlo bien, enfocarnos en el futuro, positivizar la experiencia y no pensar demasiado en el pasado, logramos que la herida cicatrice mejor y más rápido"

Mila Cahue, doctora en psicología y experta en temas de pareja

De tal manera que (aquí viene la buena noticia), en el caso de que te hayan dejado, antes de que tu ego herido te arrastre hacia las miserias del desconsuelo, reflexiona si realmente se está rompiendo algo que era sólido o no: tal vez descubras que tu pareja (perdón, tu ya expareja) te esté haciendo un favor. “Lo importante en una ruptura es ayudar a nuestros pensamientos a dirigir positivamente nuestras emociones, y no dejar que estas nos hagan hundirnos en un agujero sin fondo. Aunque las rupturas duelan, si sabemos llevarlo bien, racionalizar, enfocarnos en el futuro, positivizar la experiencia y no pensar demasiado en el pasado, logramos que la herida cicatrice mejor y más rápido”, sugiere Cahue.

2. Tu experiencia vital

Resurgir de nuestras cenizas no solo depende de si hay mucho o poco enamoramiento e implicación, sino de cómo seamos cada uno y nuestras propias vivencias. “Cuando afrontamos una ruptura, también lo hacemos en función de las experiencias previas que hayamos vivido en el proceso de construcción de nuestra identidad”, explica María Jesús Nieto, psicoterapeuta, codirectora del Instituto Safman junto a la psicóloga Sara Flórez, y presidenta de la Asociación Madrileña de Terapia de Pareja y Familia y otros Sistemas Humanos (AMTPFOSH).

En este sentido, va a resultar imprescindible saber cuál es, como dice por otro lado la psicóloga Cahue, nuestro grado de tolerancia a la frustración. “Cuando a lo largo de la vida ya se han tenido que abandonar situaciones que nos gustaban, pero que no quedaba más remedio que dejar de lado, y hemos ido asimilando que, a veces, en eso consiste también aprender a vivir, nos va a resultar más fácil hacer frente a una ruptura”. Un consejo: analiza objetivamente por qué está sucediendo todo. Puede que incluso te sorprendas al ver que, en el fondo, estabas en una relación que no acababa de cuajar o que tu intuición te decía desde el principio que esa persona no era la idónea. Como bien recomienda Mila Cahue en su libro Amor del bueno: “Evitemos exponernos a relaciones en las que no vamos a obtener lo que queremos o necesitamos para ser felices. Si somos cariñosos, buscaremos a alguien igual para no languidecer en vida”, por ejemplo.

3. El contexto social

Romper una historia no es plato de buen gusto para nadie. Ni para el que deja, ni para el dejado. Por un lado, tal y como asegura la Asociación Americana del Corazón, el síndrome del corazón roto (también denominado cardiopatía Tako-Tsubo) puede traer consecuencias cardíacas reales. Y por otro, como ratifica María Jesús Nieto, “la ruptura siempre supone una pérdida, y como tal, conlleva la sensación de vacío y la necesidad de adaptarse a una nueva situación donde algo y alguien falta”. En aquellos que consiguen una adaptación en tiempo récord encontramos un tercer elemento que nos ayuda a entender la diferencia entre pasarlo mal, regulín o quedarse tan pichi. “Si estamos rodeados de buenos amigos que nos quieren, que nos recuerdan cuánto valemos y que nos ayudan a olvidar las penas, la ruptura se hace mucho más llevadera”, confiesa Mila Cahue.

4. Y mucha reflexión

Para reponerse rápidamente, hay que aceptar la situación cuanto antes y analizarla con calma. “En vez de echar la culpa al otro, que no nos llevará a nada positivo, debemos pensar que las cosas no han salido como nos hubiera gustado; que quizás hemos apostado demasiado, o a destiempo; que no hemos querido ver las señales que nos indicaban que la cosa no iba bien, o sencillamente que hemos decidido arriesgar y perdimos. La relación es de dos, y si uno no quiere, aunque no nos guste, hay que respetarlo y comprenderlo”, relata Mila Cahue.

Con todo y eso, tampoco va a ser un camino de rosas porque, aunque te encuentres fuerte y animado, has de vivir lo inevitable: el duelo. “Es necesario pasarlo y vivirlo en todas sus fases: negación, rabia, depresión y aceptación” dice la terapeuta Nieto, quien define este periodo como un desarrollo dual: “la atención va alternándose entre dos polos, el de la pérdida y el de la reconstrucción. No existe un tiempo mínimo para estar en él, pero sí se considera patológico cuando se superan los dos años y la persona aún no ha podido pasar a la reconstrucción de su vida”, afirma. Claro que… ahora que sabes las claves para superarlo (en el supuesto de que ocurra), ese no va a ser tu caso, ¿verdad?

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