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¿Qué pasa si no tomo carbohidratos durante un mes?

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¿Qué pasa si no tomo carbohidratos durante un mes?

Chica preguntándose qué pasaría si no comiera carbohidratos durante un mes

En un momento en que la proliferación de “dietas sin” parece no tener límite analizamos una de las más controvertidas: la dieta sin carbohidratos

Todo empezó con la archiconocida Dieta Atkins, un método nutricional que propone consumir alimentos con bajo contenido en glúcidos, o dicho de otra manera, aboga por subir la proporción de grasas al 75%, de proteínas al 20% y por reducir a la mínima expresión los carbohidratos (un 5%). Este tipo de dietas son muy populares ya que en con ellas se consigue una bajada de peso rápida, pero varios estudios han demostrado los efectos negativos de seguir un régimen carborrestrictivo así como su dudosa eficacia en cuanto a pérdida de peso a largo plazo. De hecho, un estudio publicado en el Journal of Nutrition en el que monitorizaron a mujeres de mediana edad durante 20 meses reveló que las participantes que ingirieron más fibra (se encuentra en carbohidratos complejos) perdieron peso y las que consumieron menos fibra engordaron.

Hablemos de carbohidratos

“Los carbohidratos provienen de alimentos de origen vegetal. Se encuentran en cereales y leguminosas, pero también en frutas y verduras”, nos explica la especialista en nutrición y health coach Rocío Río de la Loza. “Son la principal fuente de glucosa, que es como la gasolina que necesitan las células para funcionar. Por ejemplo, el cerebro utiliza grandes cantidades de glucosa. Todo lo que comemos se transforma en glucosa y lo que no se utiliza se almacena en forma de glucagón”. añade. Si reducimos nuestra ingesta de carbohidratos, restringimos nuestra cantidad de energía en forma de glucosa, lo que obliga a nuestro organismo a utilizar las reservas. Y cuando ya nos hemos pulido las reservas empezamos a utilizar la grasa corporal para transformala en energía. Como resultado, “el cuerpo entra en un estado que se denomina cetosis y produce un bioproducto llamado cetonas. Este estado es similar al que se produce con el ayuno prolongado”, explica Río de la Loza. Y aunque esto conlleva una pérdida de peso, se trata de una situación temporal, ya que “a largo plazo es insostenible para el cuerpo”. señala la especialista. Por ello este tipo de dietas cetogénicas se deben practicar “con supervisión médica y por un tiempo limitado, como en el caso de pacientes con obesidad mórbida o la que se aplica a niños con epilepsia en la Clínica Mayo”.

“La no ingesta de carbohidratos provoca cansancio, dolor de cabeza y mareos. También es posible tener estreñimiento, por la falta de fibra dietética”

Rocío Río de la Loza, especialista en nutrición

Los primeros síntomas

Supongamos que reducimos el consumo de carbohidratos a menos de 20 gramos diarios (lo que hacen la mayoría de estas dietas restrictivas), la cetosis aparecerá al segundo o tercer día más o menos. Los síntomas que acompañaran a este nuevo estado metabólico pueden incluir “cansancio, dolor de cabeza y mareos. También es posible experimentar estreñimiento, ya que los carbohidratos complejos son una excelente fuente de fibra dietética”, nos cuenta Rocío Río de la Loza. Además si eres atleta “sentirás que hay un bajón en tu rendimiento deportivo” continua la health coach. Pasados los días, las cetonas empiezan a acumularse en la sangre acidificando el cuerpo, lo que se conoce como cetoacidosis. En esta fase los síntomas incluyen “fatiga, dolor punzante de cabeza, pérdida del apetito, mareo, mal aliento y la orina y el sudor tienen un olor más intenso”. Pero si aun así seguimos sin ingerir carbohidratos entonces aparecerán síntomas más graves como “vómito, náusea, dolor abdominal, dificultad para respirar, arritmia y dificultad para pensar o alteraciones de las funciones cognitivas” relata Río de la Loza. De hecho, en el año 2009 la revista científica JAMA Internal Medicine, publicó un estudio que demostraba que la gente que seguía una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos durante un año tenía más ansiedad, depresión e ira que la gente con una dieta baja en grasa y alta en carbohidratos. ¿La explicación? Parece ser que los carbohidratos también colaboran en la síntesis de serotonina, la hormona del placer.

Las dietas bajas en carbohidratos “pueden ser peligrosas para las personas que sufren del hígado o los riñones y de cualquier modo nunca es recomendable eliminar por completo los hidratos de carbono, mucho menos en los niños o en las mujeres embarazadas”. Si alguien se declarase en huelga de carbohidratos total, a la larga, y en los casos más severos, podría acabar presentado enfermedades como “osteoporosis, gota, cálculos en la vesícula, piedras en el riñón y hasta la muerte”, acaba la especialista en nutrición.

Alimentarse con sentido común

Por todo ello, la experta aconseja seguir las recomendaciones de Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, que estipulan que entre el 45% y el 65% de las calorías que consumimos en un día provengan de los carbohidratos. “Opciones sanas de carbohidratos incluyen: frutas y verduras frescas, raíces y tubérculos, granos enteros, leguminosas”. Una buena manera de recordar el aporte saludable de carbohidratos es “que una cuarta parte del plato de cada comida esté llena de granos enteros o productos a base de granos completos (…), por ejemplo, quínoa, amaranto, maíz, arroz integral, pan de trigo integral, etc., y la mitad del plato sean vegetales y consumir diariamente por lo menos dos tazas de hojas verdes”.

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