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¿Estresado? Seis trucos para encontrar la calma de forma instantánea

En cuanto juntamos unos días, siempre buscamos la naturaleza para huir del estrés. Quizá sin saber por qué, notamos el efecto reparador que tiene sobre nuestra salud y cómo nos ayuda a combatirlo. Diferentes estudios científicos lo corroboran: para evadirnos de la tensión cotidiana, nada como escaparse a un entorno natural o tratar de recrearlo dentro de la propia ciudad. “Estar en medio de la vorágine y al ritmo en que vivimos va en contra de la naturaleza del ser humano”, explica Cuca Azinovic, directora del proyecto Bienestar Consciente. Ella conoce bien los efectos positivos de la naturaleza, la meditación y el ‘mindfulness’ sobre nuestra salud y bienestar, que recomienda para quitarnos de encima esa incómoda sensación por la que parece que “nunca nada es suficiente”. Ya en el siglo XIX el propio Frankln B. Haugh, médico y científico considerado además el padre de la silvicultura americana, describía cómo “los bosques poseen una influencia alegre y tranquilizadora sobre la mente, especialmente en aquellas personas que están sometidas a un trabajo mental agotador”. Y esto mismo se refleja muy bien en la cultura japonesa, conocida por su filosofía de vida ‘slow’, nos recuerda Azinovic: “El 64% del territorio japonés está ocupado por masa forestal, y por ello allí tienen muchas oportunidades de huir de las grandes ciudades para desconectar”. Restar el ‘amargor’ que nos produce un estilo de vida agobiante será posible aplicando algunas técnicas con las que podremos echar freno al estrés, especialmente si las llevamos a cabo en entornos naturales. Al fin y al cabo, “nuestro medio natural como seres vivos que somos, es la naturaleza, la cuna de la vida”, explica la experta. Aquí 6 técnicas para huir del estrés.

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1. Disfrutar del silencio

“El silencio es reparador porque pensar y reaccionar son acciones que requieren energía y a veces producen cansancio, especialmente cuando existe anhelo del pasado o ansiedad acerca del futuro”, asegura Azinovic. “El silencio nos permite entrar en una mayor intimidad”. Si meditar es de por sí beneficioso porque aumentan nuestra producción cerebral de ondas alfa, contrarias a las beta, que se generan como respuesta al estrés, hacerlo en un entorno natural tendrá efectos todavía más positivos, explica la ‘coach’ en salud y bienestar: “A medida que nuestra mente se va calmando, oiremos el viento, la lluvia, los pájaros, y en definitiva, podremos volver a conectar con esa naturaleza que nos parece inaccesible en una oficina herméticamente sellada o en una ciudad bañada por cemento”.

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2. Rodearse de naturaleza

El efecto del asfalto, efectivamente, no produce precisamente una condiciones favorables para luchar contra la ansiedad de los problemas diarios. Sin embargo, el ritmo de la naturaleza influye enormemente en nuestro cuerpo y mente. En el año 1979, Roger S. Ulrich, doctor en psicología y prestigioso investigador sobre el efecto de la naturaleza en el estrés, se propuso investigar hasta qué punto la naturaleza podía afectar al comportamiento humano. Desde el punto de vista de la mente, los resultados concluyeron que estar expuestos a la naturaleza tiene efectos altamente positivos, ya que incrementa el nivel de afecto, la alegría, la amistad y la euforia. Los paisajes naturales tendieron a disminuir los sentimientos de ira y agresividad, mientras que los paisajes urbanos los aumentaron. Otros estudios han confirmado que pasar mas tiempo en un entorno forestal puede reducir el estrés psicológico, síntomas de depresión y hostilidad a la vez que mejorar el sueño, acrecentar la sensación de vitalidad, e incluso aumentar la esperanza de vida, al menos en mujeres.

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3. Mirar por la ventana

Y si no se puede ir a la montaña, ¿qué hacemos? En ese caso, mirar por la ventana podría ser un buen sustitutivo recomendado por el propio Ulrich. El experto, una de las personas más influyentes en la materia, ha participado en diseños de arquitectura paisajística, de edificios e incluso hospitales. En otro de sus estudios concluyó cómo, el mirar por una ventana y tener acceso a paisajes naturales tendría un efecto reparador en los pacientes, reduciéndoles sentimientos de miedo y estrés, e infundiéndoles positividad. Un consejo que podemos tratar de practicar desde la misma oficina, en un momento dado.

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4. Sentarse junto al agua

Aquellos que han crecido junto al mar lo siguen buscando amargamente toda su vida si se mudan a una ciudad lejos de la costa. Y tiene sentido. “Tanto si está en calma como brava, la mar tiene un poder atrayente inmenso. El agua es vida y del agua procedemos. Por ello hay una intima conexión con el agua”, explica Azinovic. Y no es la única en afirmar la importancia del agua en nuestra vida. Una investigación recientemente publicada, y llevada a cabo entre varias universidades americanas, reveló que los residentes de las grandes ciudades padecen menos estrés y malestar psicológico en la medida en que disponen de mayores vistas de los “espacios azules” proporcionados por el agua. Algo tan sencillo como buscar una fuente y sentarse junto a ella para disfrutar de su sonido puede ser suficiente para desconectar, relajarse, e incluso favorecer el sueño. Por esta razón los sonidos del mar o de bucólicas cascadas se usan tanto en musicoterapia y en los audios empleados para aprender a relajarse o meditar. Orfeu M. Buxton, profesor de la Universidad de Pennsylvania (EEUU) y experto en trastornos de sueño explica que nuestro cerebro no ve amenaza en los sonidos de la naturaleza, sino que nos dan ese mensaje de tranquilidad que nos permite dormir sin miedo.

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5. Mirar al cielo

Un ejercicio tan sencillo como mirar a las nubes no solo es divertido y relajante, sino que además puede tener propiedades terapéuticas. “En meditación frecuentemente utilizamos las nubes como metáforas de nuestros pensamientos y las asociamos con el fenómeno de la impermanencia”, afirma Cuca Azinovic. Para realizar esta sencilla técnica nos aconseja “observar nuestros pensamientos como nubes que se forman de la nada, ligeras y siempre cambiantes, tal y como es nuestra propia realidad”.

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6. Simplemente pasear por el campo

Y quien dice mirar a las nubes, dice un bosque, un río o un valle. La contemplación y el disfrute de parajes naturales aumenta nuestra capacidad no solo para ser más felices, sino para tener más recursos intelectuales y sociales, así como para concentrarnos. Sucede igual que cuando estamos jugando o explorando: nos produce una “ligera fascinación” que provoca cambios mensurables en nuestro cerebro y se traduce en un mayor bienestar emocional. Este hecho quedó plasmado en el estudio realizado por un equipo de investigadores de la Universidad Herriot-Watt en Edimburgo. Rachel y Steven Kaplan describieron la “teoría de la restauración de la atención” para referirse a ese fenómeno “restaurativo” que se produce cuando descansamos nuestra mente y recuperamos energía ejerciendo una atención involuntaria que no nos supone esfuerzo, como puede suceder dando un sencillo paseo entre encinas.

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