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JUEGOS OLÍMPICOS

Una historia olímpica en femenino

Una historia olímpica en femenino

Alberto Iranzo

Diario AS

Corominas, Maiques y Ortiz repasan la evolución de la mujer en los Juegos con el reto de Tokio 2020: que la participación femenina supere la masculina.

El equipo femenino de gimnasia rítmica, saboreando su medalla de plata, abandonaba el Parque Olímpico de Río en la tarde del 21 de agosto esquivando el fuerte viento que dio paso a una tormenta torrencial que deslució la Ceremonia de Clausura de los Juegos de Río. Por segunda participación consecutiva, las deportistas españolas habían logrado más medallas que los hombres (nueve por ocho en Brasil, 11 por seis en Londres 2012), un hecho que puede resultar cotidiano, pero que no deja de ser excepcional. El deporte femenino, como las chicas de rítmica aquel último día de Juegos, también ha tenido que sortear ventiscas y tormentas antes de iluminar de éxitos el deporte español.

La tenista (y multideportista) Lili Álvarez (1905-1998) abrió la puerta del olimpismo en los Juegos de París, de 1924, y luego defendió con su pluma (era periodista) el feminismo en una sociedad oscura, en la que el deporte era exclusivamente cosa de hombres. La mujer apenas había tenido oportunidades hasta que la nadadora Mari Paz Corominas (Barcelona, 1952) alcanzó una final olímpica en México ’68. Una reivindicación en tiempos en los que los tabús eran dogmas. “En aquellos Juegos fuimos 102 chicos y solamente dos chicas, ambas nadadoras. No estaban formadas aún las selecciones femeninas. Fuimos unas mimadas”, explica a AS. El deporte femenino era residual y el éxito de Corominas llegó de casualidad: “Practicaba natación en la escuela y un día competimos. Fui la más rápida, y hablaron con mis padres para aprovechar mi talento. Como mi padre trabajaba en Sabadell, empecé a entrenarme en el club. Nunca fui profesional: solamente recibí dos regalos en mi vida. Un Rolex que me regaló Samaranch después de unos Juegos Mediterráneos y una beca para ir a entrenarme a Estados Unidos”.

Foto histórica de Lili Álvarez, pionera del tenis femenino español.

Corominas dio un paso de gigante para la consolidación del deporte femenino y la aceptación social de la mujer, pero aún quedaba mucho camino por recorrer, como explica Ana Maiques (Terrassa, 1967), una de las integrantes del equipo de hockey hierba que ganó el oro en Barcelona, en 1992, los primeros Juegos con mujeres medallistas y el primer oro de un equipo en la historia del olimpismo español. “De pequeña jugaba con chicos. No había niñas suficientes para hacer un equipo, y las que lo practicábamos nos veían más como a un chico que como a una chica”, reflexiona.

Fue difícil arrancar esa etiqueta hasta Barcelona ‘92. La catarsis. La nominación de la capital catalana como sede olímpica (acompañado por los cambios políticos) abrió a España al mundo, y con 129 mujeres participantes ya se habían superado todos los anteriores acontecimientos. Maiques fue testigo de un giro de 180 grados. “Fue un cambio abismal. Un antes y después. Con el plan ADO nos dieron dietas, mejores entrenamientos, pudimos jugar más partidos, viajamos y añadieron la tecnología a nuestro deporte... Sin dinero no hubo éxitos”, resume Maiques. Las grandes potencias del hockey eran curiosamente las sociedades más avanzadas en aquella época, como Australia, Holanda o Gran Bretaña: “En aquel momento el deporte femenino se cuidaba mucho en esos países. Era una maravilla ir allí. Los estadios, los recursos, las concentraciones que hacían y un CAR como el que hay ahora en Sant Cugat. Aquello era lo que queríamos”.

En una Barcelona volcada y en unos Juegos que cambiaron el sino del olimpismo, el deporte español empezó a cimentar su futura época dorada a base de medallas. Llegó la lacrimógena de la judoca Míriam Blasco, el oro del hockey hierba con Ana Maiques celebrando en la grada con sus familiares de Terrassa y los puntos ganadores de Arantxa y Conchita, flamantes sucesoras del camino que emprendió Álvarez 68 años antes. Un avance y un legado del que ha disfrutado Mati Ortiz (Sabadell, 1990), plata en los Juegos de Londres 2012 con la selección de waterpolo en su primera participación. Es ya la época de cambio del deporte español. “El waterpolo es un deporte minoritario. Empecé jugando con niños y entrenando una vez a la semana con las mayores. Ahora, en cambio, ya hay equipos de niñas en todas las categorías”. Una socialización del deporte que ha arrastrado definitivamente a la mujer.

De los éxitos de Barcelona a Pekín 2008, el deporte femenino contribuyó a lograr 20 medallas para la delegación española, rompiendo barreras y estrenándose en deportes como la gimnasia rítmica, la natación, judo o la natación sincronizada, deportes en los que las licencias han aumentado hasta naturalizar la paridad en la práctica deportiva. “Ahora las niñas tienen referentes. Te piden que les firmes, que te lances a la piscina con ellas… Cuando fuimos con la selección a Madrid acudieron a vernos muchísimas niñas y también niños”, recalca Mati Ortiz, quien tiene números para estar en los Juegos de Tokio, donde por primera vez el deporte femenino podría superar en número de participantes al masculino. “Nos favorecería. Siempre se ha visto nuestro deporte como más marginal, aburrido… Pero somos igual de luchadoras”. Deportistas como Mireia Belmonte, Lydia Valentín, Carolina Marín u Ona Carbonell son el ejemplo de los éxitos del deporte femenino, iconos de nuestro tiempo. Aunque Mati Ortiz reconoce que la inversión siempre está asociada al éxito. “Apuestan por ti cuando hay resultados. Se nota el nivel mediático”.

De los éxitos de Barcelona a Pekín 2008, el deporte femenino contribuyó a lograr 20 medallas para la delegación española

Pese a completar este camino que conduce a una meta prácticamente a la vista, estas tres generaciones avisan del riesgo que puede haber de regresión. “No hay ahora tantos recursos. Cuando yo era Sub-21 nos pagaban los viajes, pero ahora los internacionales en mi deporte se lo tienen que pagar ellas. Lo considero lastimoso”, advierte Maiques, madre de una hija que ha seguido sus pasos. Corominas ve los riesgos desde otra óptica. “Se está llegando a cuestionar si podemos hacer algunas cosas o no, cuando se ha demostrado que las mujeres de hoy en día han batido todos los récords de los hombres del pasado, la distancia entre los mejores marcas se están reduciendo”, explica, pensando, posiblemente, en una nadadora como Katie Ledecky, quien se entrena con hombres en su universidad de Estados Unidos y cuyo rendimiento y forma de nadar está más próxima a los hombres.

Pese a estas advertencias, Corominas sintetiza lo que ha cambiado el deporte femenino poniendo como ejemplo a sus nietos. “Les acompaño a jugar a fútbol y hay niñas también. Nadie lo cuestiona y no es extraño. Pasa lo mismo en todos los deportes. Hay mujeres en halterofilia o en boxeo, y niños en sincronizada. Llegará la paridad en todo”, explica la exnadadora, tan pionera como determinante en la reivindicación del deporte femenino, una lucha que aún perdura.